…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

18 mar 2010

Se hace flores de sus penas



Hablábamos el otro día de la ejemplaridad de una flor.

Veo ahora que aquello de hallar enseñanzas escondidas en los objetos, plantas y animales es algo que siento tan natural y propio que me hace dudar sobre qué precede a qué ¿el interés por el simbolismo se debe a alguna afinidad de mi estructura mental con la de esas épocas en que floreció la idea del mundo como libro o es que los años de estar metida en el Siglo de Oro tiñen ya con sus colores mi manera de mirar?


No lo sé. Lo que sí sé es que escuché con espíritu bien predispuesto esta preciosa versión de “El aromo” en un disco de Soledad Villamil (una actriz que me gusta mucho y que además de actuar, canta). Esta milonga  es una colaboración entre Atahualpa Yupanqui y el poeta uruguayo Romildo Risso, con quien compuso también “Los ejes de mi carreta” (que el oído atento de Tamás inmediatamente descubrió semejantes). 



"Soledad Villamil Canta" (Sony Music 2007)

El Aromo
(milonga)
Romildo Risoo - Atahualpa Yupanqui.

Hay un aromo nacido
en la grieta de una piedra.
Parece que la rompió
pa’ salir de adentro de ella.

Está en un alto pela’o,
no tiene ni un yuyo cerca,
Viéndolo solo y florido
Tuito el monte lo envidea.

Lo miran a la distancia
árboles y enredaderas,
diciéndose con rencor:
“Pa uno solo, cuánta tierra.

“En oro le ofrece al sol
pagar la luz que le presta.
Y como tiene de más,
puña’os por el suelo siembra.”

Salud, plata y alegría,
tuito al aromo, la suebra
Asegún ven los demás
dende el lugar que lo observan.

Pero hay que dir y fijarse
como lo estruja la piedra.
Fijarse que es un martirio
la vida que le envidean.

Que en ese rajón, el árbol nació
por su mala estrella.
y en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas…

Como no tiene reparo,
todos los vientos le pegan.
Las heladas lo castigan
L’agua pasa y no se queda.

Ansina vive el aromo
sin que ninguno lo sepa.
Con su poquito de orgullo
porque es justo que lo tenga.

Pero con l’alma tan linda
que no le brota una queja.
Que en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas.

¡Eso habrían de envidiarle
los otros, si lo supieran !


Como lamentablemente me sucede con tantas obras de Yupanqui, no conocía esta milonga. Pero no nos lamentemos, la suerte es haberlo hallado, más tarde o más temprano. Tal vez es cierto que algunos tesoros se encuentran cuando podemos verdaderamente apreciarlos y esta canción debe ser uno de ellos.

La elocuente imagen de este aromo, hierático y solitario, que lucha por hacerse un lugar en la hendidura de la piedra me hizo recordar alguna araucaria que había visto hacía poco en Neuquén.



Pero especialmente me conmovió el conflicto de miradas e intereses que se juegan en la canción de manera tan poética y precisa. La envidia de los demás que ven al aromo triunfante y glorioso –como muchas veces nos sucede observando las vidas ajenas desde afuera– y la verdad del árbol que se sacrifica y lucha para hacer lo mejor posible en el lugar que le ha tocado en suerte.


Otras dos relaciones acudieron de inmediato. La oda de Machado (ligada indisolublemente al canto de Serrat) a un olmo viejo del Duero, por un lado; y algo más cercano e inmediato: la tira de Tute en La Nación. En los últimos días su personaje Batu se viene haciendo unas preguntas  esenciales.


VIERNES 5 DE MARZO DE 2010



15 mar 2010

Dura realidad

Diálogo con mi hija menor (de extraña sabiduría infusa).


Se quejaba de no poder hacer algo (levantarse, lavarse los dientes, ir a acostarse... ya no recuerdo: pero alguna de esas cosas que las madres nos vemos siempre obligadas a exigir).
–No puedo, no puedo... ¡Me duele la cabeza! –alegaba ella.
–Te duele la cabeza por no usar los anteojos –decía yo, sumándole un reto a mi exigencia.
–¡No! No me duele la cabeza por los anteojos –decía con seguridad, para luego rematar con tono melodramático  –¡ME DUELE LA CABEZA POR LA REALIDAD!

14 mar 2010

Mal gusto

Hablaban de mal gusto ruso en A Bad Guide y recordé que teníamos pendientes ejemplos del regreso de la Patagonia.


Santa Rosa, capital de la Provincia de La Pampa tiene una catedral de gusto bastante discutible.



Pehuajó, en la Provincia de Buenos Aires, y conocido hogar de la tortuga Manuelita no le va en zaga. La plaza fue remodelada hace poco con buen tino, pero su catedral ni siquiera tiene el encanto extravagante de la anterior.


Aquel techo de tejas en el atrio unido a la torre racionalista, me parece un hallazgo. ¿Lo habrá pensado el arquitecto original o será el producto de varias mentes creativas a lo largo de los años?


Y este edificio de departamentos debe haber resultado novedoso en Pehuajó cuando lo construyeron en una esquina de la plaza. Ahora, deteriorado con el paso del tiempo y la falta de cuidados, es simplemente horrible.

10 mar 2010

A Bit of Paradise

Hace un par de meses, mis hijas vieron la película Mamma mia!, el musical con canciones de ABBA. Me gusta esa película, Merryl Streep está fantástica y difícilmente podrá molestarme cualquier cosa donde actúe Colin Firth (!!).



Pero desde entonces no ha dejado de sonar en el auto –salvo escasos momentos de triunfo en que sus padres lográbamos imponernos– la música del famoso grupo sueco. Y hubo días en que no podía sacarme de la cabeza ciertas letras que machacaban como la gota que horada la piedra ("Mamma mia, here I come again / my my, how can I resist you!").

La semana pasada tuve un alivio. En ejercicio de autoafirmación de poder materno (¡Venceremos!), dejé el disco que estaba escuchando cuando ellas subieron al auto. Se trataba de la banda de sonido de otro musical: Everyone Says I Love You, aquella película de Woody Allen que inauguró lo de hacer cantar a actores, fueran o no cantantes. Me fascina esa película y más todavía las canciones clásicas que rescata. (También es cierto que adoro desde siempre a Alan Alda y que, cuando se estrenó la película en los cines, empezaba a conocer a Edward Norton.)

El asunto es que pude imponer mi disco en varios viajes sin quejas del asiento de atrás. Pero eso no es todo. La alegría vino unos días después cuando antes de irse a dormir, descubrí a las dos tarareando y cantando MIS canciones. Ahora ellas no podían sacarse de la cabeza "Just you, just me / a bit of paradise / right here for us two".



Sólo resta mostrarles la película y cruzar los dedos. ¿Cómo será su primera experiencia con Woody Allen?

3 mar 2010

Flores de (para) Chile


Al día siguiente de publicar la última entrada, nos despertamos con la noticia del devastador terremoto en Chile.



Ojalá que el ejemplo de firmeza y perseverancia ante la adversidad de aquella florcita se transmita al pueblo vecino.


Que estas otras flores, de las tantas preciosísimas que admiramos en nuestro primer viaje a Chile, sirvan como símbolo de nuestro cariño, solidaridad y respaldo en estos tiempos difíciles.

26 feb 2010

Ejemplaridad



Me emocionaba esta flor que veía todos los días en Pucón.




Crecía con pertinaz fragilidad en un mínimo resquicio del cemento.



Su fuerza y perseverancia resultan ejemplares: sobreponerse a las adversidades, vencer las dificultades del entorno hostil, sin perder, a pesar de tanta lucha, la belleza, frescura y lozanía.

Serviría de imagen para un buen emblema.

22 feb 2010

Lagartijas chilenas


En Pucón, compartíamos la terraza con innumerables lagartijas (o tal vez ellas eran las dueñas verdaderas y el amable señor chileno al que le pagamos, sólo un androide construido ad hoc).


Las típicas paredes chilenas con tejas de madera eran su dominio especial. Y si uno lo piensa un poco ¿acaso no parecen escamas de reptil?


De toda la comunidad lagartijera, éstas tan coloridas eran nuestras preferidas.


¿Formarían una casta noble? No lo sabemos. Las vimos a todas en actitudes muy democráticas. Y asustándose por igual ante nuestra presencia.

19 feb 2010

Araucarias

Volví de la Patagonia Norte fascinada con las araucarias.


Poco sabía de estos árboles increíbles antes. Mi abuela tenía uno enorme en su quinta de La Plata. Los había visto en otros viajes a Neuquén y Río Negro, así que reconocía su figura. Y en los últimos años me preguntaba si aquellos que veíamos en nuestro cruce por el sur de Brasil para llegar a Florianópolis serían los mismos que los patagónicos.


Pero en realidad no sabía nada de nada.

Los bosques de araucarias araucanas o pehuenes sólo se encuentran en unas restringidas zonas del oeste de la provincia de Neuquén y en parte de las Regiones VIII y IX de Chile. Crecen en tierras muy altas (como mínimo a 800 metros sobre el nivel del mar) y dicen que los ejemplares más antiguos pueden llegar a tener mil años.

Hay pehuenes machos y hembras, las flores masculinas polinizan a las femeninas que luego producen una piña enorme cargada de semillas. Esos son los "piñones" que los mapuche aprendieron a cosechar como alimento. Entre otras cosas se hacen harinas con los piñones, se los cocina como las castañas y se usan para destilar una bebida alcohólica. 




Una leyenda muy difundida cuenta cómo se les revelaron a los mapuche las virtudes alimenticias del piñón. De aquí, esta versión:





Cuenta la leyenda que desde siempre, Nguenechén hizo crecer al Pehuén en grandes bosques. Al principio, los nativos, al considerarlo un árbol sagrado, lo veneraban y no comían piñones. Rezaban a su sombra, ofreciéndole regalos: carne, sangre, humo y hasta conversaban con él y le confesaban sus malas acciones. Los frutos los dejaban en el piso sin utilizarlos. 

Ocurrió una vez que, durante varios años en toda la comarca hubo gran escasez de alimentos y los nativos pasaban mucha hambre; morían, especialmente, niños y ancianos. Ante esta situación los jóvenes marchaban del lugar en busca de alimentos: bulbos de amancay, hierbas, bayas, raíces y carne de animales silvestres. Pero todos volvían con las manos vacías. Parecía que Dios no escuchaba el clamor de su pueblo y la gente seguía muriendo de hambre.


Pero Nguenechén no los abandonó..., y sucedió que cuando uno de los jóvenes regresaba al lugar, con afición por no lograr sustento, encontró en su solitario camino un anciano de larga barba blanca que estaba esperándolo. 



-¿Qué buscas hijo? -le preguntó.
-Alimento para mis hermanos de tribu que se mueren de hambre, y por desgracia no he encontrado nada. 
-¡Tantos piñones que ves por el piso bajo los pehuenes!, ¿No son comestibles?. 
-Los frutos del árbol sagrado son venenosos, abuelo -contestó el joven. 

Y el anciano de barba blanca lo miró sonriente mientras le dijo con firmeza: 
-Hijo, de ahora en adelante los recibiréis como un don de Nguenechén. Hervidlos para que se ablanden, o tostadlos al fuego y tendréis un manjar delicioso. Haced buen acopio, guardadlos en silos subterráneos y tendréis comida todo el invierno. 

Dicho esto, el anciano desapareció en la bruma. Y el joven, asombrado, siguió su consejo. Recogió en su manto gran cantidad de piñones y los llevó al cacique de la tribu explicándole lo sucedido. Enseguida se reunieron todos en asamblea, y el jefe contó lo acaecido, hablándoles así:“Nguenechén bajó a la tierra para ayudarnos. Seguiremos sus consejos y nos alimentaremos con el fruto del árbol sagrado, que sólo a él pertenece” 

Enseguida comieron en abundancia piñones hervidos y tostados, y festejaron el acontecimiento con una gran fiesta. Desde entonces desapareció la escasez y todos los años cosechaban grandes cantidades de piñones que guardaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo.

Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de Pehuén, los mapuche rezan mirando al cielo en rezo elevado a Nguenechén: "A ti de debemos nuestra vida, y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados". 



La corteza del pehuén es también muy particular. Su color es grisáceo y parece el caparazón de una tortuga por la forma que van tomando sus capas. Puesta al fuego produce brasas con rapidez, así que es excelente para cocinar. Y con sólo rasparla un poco deja al descubierto un color rojizo que resulta muy atractivo para el tallado.


De pequeños, los pehuenes tienen la forma característica de las coníferas, pero como luego crecen tanto y luchan por alcanzar la mejor porción de luz solar, economizan recursos y van desprendiéndose de las ramas inferiores. Por eso los ejemplares adultos suelen parecer una alta y enorme sombrilla.


No es extraño que éste sea un árbol tan sagrado para los mapuche. Su madera es sumamente útil, les da alimento que pueden almacenar por largas temporadas, brinda naturalmente leña para hacer el fuego y su gran resistencia es un aliciente, todo un testimonio que les dice que es posible sobrevivir en un clima tan inhóspito.


Esa idea de protección casi maternal se cuenta en esta otra leyenda, la del "Pehuén errante":


Cuenta la leyenda que cierta vez una ñiuke (madre india) viendo que el invierno llegaba y su esposo Kalfü-Kir cuya traducción es lagarto azul, no retornaba al calor de su hogar o ruca (choza araucana), rogó a su hijo que lo buscara en todo el valle y más allá de las montañas. El koná o joven provisto por su madre de alimentos y abrigos inició la marcha en ese frío ambiente. 

Un día, por fin, vio un pehuén  y como no podía seguir de largo sin hacerle una ofrenda colgó de unas de sus ramas los zapatos. Prosiguió su marcha y se encontró con una tribu desconocida que, después de recibirlo cordialmente, le robaron lo poco que llevaba y lo ataron de pies y manos para que no pudiese moverse, y quedar expuesto a la furia de nahuel (el tigre).

Su madre que presentía la desgracia, salió a buscarlo, y en el camino encontró los restos de su esposo Kalfü-Kir, por cuya razón se cortó los cabellos que cubrían su frente. Luego prosiguió la búsqueda del muchacho. 

Mientras tanto éste estando a punto de expirar, vio en la lejanía un pehuén y exclamó dolorosamente ¨! Oh, si tú fueras mi madre!, tú bueno y verde árbol de dilatado ramaje! Ñiuke, Ñiuke, ven , ven!

Fue entonces que el pehuén desgarró sus raíces de la tierra y se acercó al muchacho. Lo cubrió con sus ramas, lo defendió de las fieras con sus espinas y alejó la nieve que caía sobre su cuerpo. Poco después, llegó la abnegada mujer y le desató las ligaduras haciéndolo revivir con sus caricias maternales. Agradeció ella al árbol su bondad y no sólo le dejó los zapatos que ya le había ofrendado su hijo, sino que le puso los suyos. 

Entonces emprendieron el viaje de regreso, acompañados por el pehuén hasta donde fue necesaria su protección. Cuando se detuvo, dieron al lugar el nombre de Ñiuke, porque el hijo así había llamado al árbol en su agonía, y según se cuenta, hombres que no conocieron esto cambiaron el nombre y llamaron al lugar Neuquén, algunos nativos lo llamaron Ñudque, pero siempre significa madre.

De las semillas desprendidas, los sabrosos piñones, crecieron árboles que como eran descendientes del árbol sagrado, se multiplicaron tan rápidamente que originaron densos bosques, todos nacidos del árbol madre, que recorrió todo el mundo o Mapu para buscar el otro árbol, el pehuén macho, con el que se sentía emparentado.

18 feb 2010

Don Quijotes patagónicos

En Zapala, Neuquén, donde Mr.Mt nos consiguió este hotel que tanto me gustó...



descubrimos, doblando la esquina, un habitante no esperado de la estepa patagónica.



Estoy segura de que estas tierras serían un excelente escenario para aventuras quijotescas (de hecho lo han sido más de una vez), así como también para dilatados diálogos con escuderos fieles y sensatos.



Restaurante "Don Quijote" en Zapala, la próxima vez que pasemos por allí nos sentaremos a sus mesas.



Días después, del otro lado de la cordillera, un don Quijote chileno nos esperaba. Primo cercano, tal vez, del de Regazzoni que recorría la Pampa argentina, aunque con menos libertad: allí estaba enmarcado en Pucón, entre el lago y el volcán Villarrica, condenado a recorrer el camino que su obsesión le fijaba.


14 feb 2010

Todos a bordo

La ruta que va de la ciudad de Zapala a Villa Pehuenia tiene paisajes inmensos donde la vista se pierde hasta alcanzar las primeras señales de la Cordillera de los Andes.

Pocos autos se ven cada tanto.


Una familia de choiques (ñandúes enanos) pasa antes de que la cámara pueda captarla.

Sin embargo otra familia nos sorprende pronto.


Un Ford Falcon bastante destartalado viene tan cargado que imaginamos una mudanza o unas vacaciones en algún lugar aislado.

Pero más allá del innegable desorden de la carga, hay otras peculiaridades en ese techo abarrotado.


Ningún miembro de la familia debía quedarse atrás, aunque dentro del auto ya no hubiera lugar para el perro. ¡Quién sabe cómo se sostenía el pobre allí arriba!

Y qué estaría pensando de semejante viaje…



17 dic 2009

Through the Looking Glass

h

12 dic 2009

In The Sky With Space Ships

M'hija la artista.




7 dic 2009

Horacio Molina



Me había olvidado cuánto me gustaba la voz de Horacio Molina. Luego de comentar con Vicky la veta musical de Soledad Villamil, de quien subiré algo pronto, me topé en la disquería con las grabaciones de Molina.

Me acordé entonces de cómo me fascinaba su voz cantando "Naranjo en flor" cuando Alejandro Dolina lo pasaba por su programa de radio (¡hace tanto tiempo ya! ¿y cuánto hace que no escuchamos a Dolina que sigue firme con su programa de madrugada?).

Compré un disco precioso que se llama Horacio Molina a pedido, una grabación en vivo de un espectáculo que hizo hace ya varios años.

Pero en internet no hay demasiado para mostrar aquí fácilmente. En Youtube hay poco y no de la mejor calidad. Los discos que encuentro para descargar gratis, después no funcionan (o yo no los sé hacer funcionar, bien puede ser). Y todavía no aprendí del húngaro cómo subir mis propios discos.

Por eso ahora, muestro algo de lo que encontré y espero después poder compartir más de este cantante maravilloso, tan elegante y cálido en su forma de interpretar los tangos y que me da tanto placer escuchar.




Naranjo en Flor
1944 - tango
Música de Virgilio Expósito, letra de Homero Expósito

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.
Después...¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.




Niebla del Riachuelo
1937 - tango
Música de Juan Carlos Cobian y letra de Enrique Cadícamo

Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar...
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón...
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar...
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir...

¡Niebla del Riachuelo!
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando...
¡Niebla del Riachuelo!
De ese amor, para siempre,
me vas alejando...
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí...
esa misma voz que dijo: "¡Adiós!".

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín...
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación...
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar...
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la "botella del figón"...



Además, al placer de escucharlo se suma el de volver a prestar atención a letras de canciones olvidadas, o a conocer tantas que son nuevas para mí. Es el placer del descubrimiento de la propia cultura y tradición: el mundo del tango y de la vida porteña a la que casi siempre le di la espalda.



Tu pálida voz
1947 - Vals
Música de Charlo y letra de Homero Manzi

Te oí decir... adiós, adiós...
Cerré los ojos y oculté el dolor...
Sentí tus pasos cruzando la tarde
y no te atajaron mis manos cobardes.
Mi corazón, lloró de amor
y en el silencio resonó tu voz,
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz que era mía... tu pálida voz.

En las noches desoladas, que sacude el viento,
brillan las estrellas frías del remordimiento
y me engaño que habrás de volver otra vez
desandando el olvido y el tiempo.

Siento que tus pasos vuelven por la senda amiga.
Oigo que me nombras llena de mortal fatiga,
para qué si ya sé que es inútil mi afán,
nunca... nunca... vendrás.

Te vi partir, dijiste adiós,
temblé de angustia y oculté mi dolor.
Después, pensando que no volverías
traté de alcanzarte y ya no eras mía.
Mi corazón, sangró de amor,
y en el recuerdo resonó tu voz...
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz aterida, tu pálida voz.

En Molina se ve la faceta no estereotipada del cantante de tango. Si bien elige lo que se llama tango canción, sus modos, como los de Gardel, se apartan del malevo prepotente típico de la imagen porteña del tanguero. Y, sin duda, esos modos íntimos, suaves y de gran precisión en el canto, son los que mejor expresan el sentir melancólico y tristón de los tangos de amor.

Algo de esto explica él en la segunda parte de la siguiente entrevista (de final un poco abrupto, pero que no encontré en otro lado).



Diego Ficherman en una nota de Página/12 que recogen en el sitio de Horacio Molina, dice:


El arte de la voz

Por Diego Fischerman

A veces alguna casualidad, o la voluntad de alguien, o un simple error, altera un ritual. Y a veces esa alteración, con el tiempo, cuando ya nadie recuerda aquello que le dio origen, queda convertido en verdad. Nadie sabe exactamente cuándo fue que, en el tango, cantar mal se convirtió en estilo. No hay un origen comprobado para el dudoso parentesco entre desafinación y visceralidad pero se cree, o muchos creen, que aquel que verdaderamente necesita expresar algo no andará reparando en sutilezas y, por el contrario, que aquel que se preocupa por la “forma” lo hace por mero desentendimiendo del “contenido”.

Gardel, Charlo, Fiorentino y Marino cuando cantaban con Troilo, Raúl Berón, Oscar Serpa, Angel Díaz o el gran Goyeneche de los ’50 hablaban, sin embargo, de otra tradición. Una tradición encarnada en artistas para quienes resultaba esencial la preocupación por esa pequeña pausa antes de una determinada palabra, por la manera de adelgazar la voz para decir “silencio” o “noche”, o por el “aire” tanto o más que por la caja en la que resuena. No se trata de “no tener voz” sino de saber cuándo y cómo renunciar a ella para jerarquizarla aún más. No ser estentóreo todo el tiempo es, finalmente, una de las maneras de dar valor dramático a la potencia, al agudo prodigioso y hasta al grito.

Esta es una tradición, claro está, casi desaparecida. En parte porque son muy pocos los que han logrado –y los que podrían lograr– mantener esa filiación con personalidades propias. La gran pregunta del tango es: ¿Cómo ser gardeliano sin ser una imitación de Gardel? Y la respuesta, como en aquella conferencia en la que Borges citaba un capítulo de una enciclopedia referido a las serpientes en Islandia (“serpientes en Islandia: no hay”), se acerca a la imposibilidad. Horacio Molina, alguien capaz de cantar “Malena” con ternura (como corresponde) y de saber que cuidar el fraseo y la emisión es la manera de utilizarlos como medios y no como fines, puestos al servicio de la construcción de una canción, es, eventualmente, uno de los pocos baluartes de esa raigambre. Nadie podría jamás confundirlo con Gardel, pero el detalle que Gardel ponía en la interpretación está presente en la voz de Molina. Nadie diría que suena como Charlo o como Serpa, pero mucha de la delicadeza de la que ellos eran capaces forma parte de su universo expresivo. Es imposible considerarlo un goyenechiano, pero su manera de elegir cuándo “sacar” la voz y cuándo no hacerlo parece provenir directamente de obras maestras como esa “Alma de loca” que Goyeneche cantó con Salgán. El secreto de Molina tal vez sea sencillo. Hay algo en él que tiene que ver con lo milagroso y lo irrepetible. Un timbre de voz como el suyo, simplemente, es cosa de la naturaleza –y de la suerte–. Pero todo lo demás, la manera en que en Buenos amigos, su nuevo disco, canta algo que no es un tango, “La nochera”, o un tema tan remanido como “Chiquilín de Bachín” o sus extraordinarios dúos con Beytelman, “Malena” y “La última curda”, o la exquisita “Alfonsina y el mar” que hace junto a Luis Salinas, proviene de una sabiduría notable. La de entender que el tango, para que recobre significado, para que retome sus mejores tradiciones, debe olvidarse de su caricatura. Y que los tangos, para que vuelvan a tener sentido, deben ser, antes que nada, canciones. Esos viejos sortilegios en que la música inunda de significado algunos versos.

Y aquí está la entrevista de donde sale el comentario de Fisherman. Una larga charla con María Moreno para Radar (el suplemento cultural de Página/12) donde habla mucho de su familia y donde entre otras cosas justifica, para la mirada "progre" del diario su lugar de familia bien venida a menos. También habla de sus amores, quién puede dudar que es un gran conquistador, pero de esos sutiles y verdaderos, que nos gustan a todas. Encantador.

2 dic 2009

Extracción


Para los obsesivos irredentos sería una bendición poder curarse de sus manías de modos tan mecánicos como ilustraba el Bosco en La extracción de la piedra de la locura.

Una exploración craneal, el hallazgo del problema y finalmente su extracción...

Del mismo modo podrían incorporarse saberes, mejoras y actualizaciones en la programación mental cuando el carácter de uno ha quedado obsoleto y ya no es compatible con el medio en el que vive.

¡Sería el paraíso!

¿Falta de esfuerzo? ¿Debilidad de carácter? Puede ser.

¡Pero cómo nos gustaría poder abrirnos la cabeza y tomar con dos dedos eso que no nos deja vivir en paz y patearlo lejos, lejos, a miles de kilómetros de distancia!

(Sólo pediría un poco más de asepsia, eso sí... O tal vez manía de la higiene sea otra de las piedras que debería extraerme de la cabeza.)