…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura
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7 ene 2015

Pavón de Venus ... Góngora como cronista


Ninfa, de Doris hija, la más bella,
adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
el terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
lucientes ojos de su blanca pluma:
si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.


El futuro y la cría controlada convirtieron la magnífica metáfora gongorina, suntuosa y conceptista, en casi una descripción literal de la realidad.



Transcribo el comentario de Dámaso Alonso en su famosa edición de la Fábula de Polifemo y Galatea:
pavón de Venus es, cisne de Juno: Recuérdese que en el v. 6º estaba implícita la comparación de Galatea con un cisne de blanca pluma; en esta blanca pluma se abren como ojos las estrellas (es decir, los ojos) de la bella muchacha. Este verso último aumenta la complicación: según el v. 6º, en la blanca pluma (como de cisne) se abren "ojos". Pero el ave que tiene ojos en la pluma es el pavo real (llamado pavón, en el s. XVII). Resulta pues, que Galatea tiene cualidades de cisne (por su piel, como blanca pluma) y de pavón (por tener ojos en la pluma). Ahora bien: el pavón estaba dedicado a Juno, y el cisne a Venus. Galatea es pavón con algunas cualidades de pavón. Esto lo expresa Góngora sintéticamente, contraponiendo los atributos de cisne y pavón, en el verso "pavón de Venus es, cisne de Juno." Galatea es pavón (pero un pavón con cualidades de cisne, dedicado a Venus) y cisne (pero un cisne con cualidades de pavón, dedicado a Juno). 
Góngora y el "Polifemo", Tomo III, Madrid, Gredos, 1967, p. 99.

 (Confieso que hasta ahora no sabía que existían pavos reales blancos o albinos, así que fue toda una sorpresa encontrarme con estas imágenes en la red –aunque debería haber leído con más atención mi Harry Potter and the Deathly Hallows porque en el capítulo 23 se dice que los Malfoy tenían uno de mascota)

18 jul 2014

Peces vivos, fugitivos

Leí por primera vez este texto de Machado hace dos días, no lo conocía.
Y me acordé de mi conversación con mi amiga Noelia sobre la conmoción que pueden producirnos algunos versos.
Ahora, y desde entonces, no se me van de la cabeza. 
Ni quiero que se me vayan, claro.

La foto no me pertenece (pero me encanta!), la encontré aquí

Hay dos modos de conciencia:
 una es luz, y otra, paciencia.
 Una estriba en alumbrar
 un poquito el hondo mar;
 otra, en hacer penitencia
 con caña o red, y esperar
 el pez, como pescador.
 Dime tú: ¿Cuál es mejor?
 ¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

Antonio Machado 
Proverbios y cantares, XXXV 

24 abr 2014

My mistress' eyes


El tono algo burlón o disruptivo de los tópicos al uso es lo más destacado del soneto 130 de Shakespeare. Por eso creo que hasta ahora no escuché mejor versión que la que hace aquí Stephen Fry



My mistress' eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips' red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damasked, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound;
I grant I never saw a goddess go;
My mistress, when she walks, treads on the ground.

And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.


La voz de Alan Rickman emociona como siempre, retumbando en todo el cuerpo, pero no es mi forma preferida de interpretar el soneto.



Y, para cambiar totalmente el ángulo, Catherine Tate, en su personaje de adolescente insoportable, Laureen Cooper (en el minuto 4:34)



Por último, hay que decir que, aunque se sigue discutiendo quién la dark lady destinataria de esta serie de sonetos, algunos no tenemos ya ninguna duda:

26 ago 2012

Tonos humanos


Me acuerdo perfectamente cómo quedé fascinada la primera vez que escuché "Ojos, pues me desdeñáis" de José Marín. Era en 1995, en el primer disco que tuve de Jordi Savall y Montserrat Figueras. Ahora no hay modo de encontrar una versión cantada por ella en youtube, aunque ésta del Ensamble la Romanesca y cantada por Marta Almajano sigue una tónica semejante, me parece.



No sé por qué me gusta tanto. Debe ser ese juego de paradojas en la letra; y esos vaivenes de la música que por momentos se eleva excitada y luego desfallece agotada por el desdén.

Pero desde ayer, que la escuché cantada por el el barítono argentino Víctor Torres, en el espectáculo "La rosa de maravilla" con Miguel de Olaso y Malena Solda, me puse a buscar nuevas versiones de uno de los mejores tonos humanos de José Marín (1618-1699).

Esta me gustó mucho, cantada por Beatriz Lafont Murcia mientras ella misma se acompaña con guitarra barroca.




Y en especial esta otra me encantó, cantada por Julio Timaure, un intérprete que acabo de conocer a raíz de esta búsqueda, de quien no encuentro muchos datos más allá de la triste certeza de que parece haber muerto muy joven.



Mientras tanto, seguiré esperando volver a escucharla por Víctor Torres. Ojalá no tenga que esperar mucho.

13 mar 2011

Tan callando

Quedarán más días calurosos en Buenos Aires, bien lo sabemos los porteños, pero el aire más fresco de esta mañana ya nos recuerda que se acaba el verano.


El de este año fue un compendio de zambullidas.















Pero se acaban las noches calurosas.


Y vendrá el otoño.


***

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre, primera copla.
***
Pero desafiando a Manrique, esperamos tener más y mejores zambullidas el verano próximo. Nadie sabe si lo lograremos, pero ¿quién pondrá rienda a los deseos?

17 ene 2011

María Elena Walsh and the Round Flower


On January the 10th María Elena Walsh died at 80 years old.

Liniers in his blog published a beautiful goodbye.
In other posts I expressed my admiration and care for her work (here and here).

But those times I talked about her music and poems, that's why today I'd like to remember one of her short stories. Or at least one of my favourites. It's deliciously ironic and sentimental at one time, funny and profound and has, no doubt, a perfect structure.

It is "El país de la Geometría" ("The Geometry Country"), first published in the 1974 short story collection El diablo inglés (The British Devil). Afterwards it was released, narrated by the author herself on the LP record Cuentopos, with music by Oscar Cardozo Ocampo.

Here it can be listened to (don't be fools silly fools and please do!) in this Uruguayan site.

And now the text:

The Geometry Country
Once upon a time there was a large white paper country. The king of this country was the compass. Why not?

The Compass. Here he comes with his two skinny legs: one  pricks and the other doesn’t.

Ho, ho, ho ho.
One pricks and the other doesn’t.
King Compass lived in a great palace made of cardboard shaped like an icosahedron, with eighteen little windows
Any one of us would have been happy to live in a palace like that, but not King Compass.

Because to be happy and completely a king he needed to find the famous Round Flower.


Ho, ho, ho, ho, ho
Not without the Round Flower.

King Compass had a mighty Army of Diamonds, a Guard of flashy Triangles, a Police Squadron of hefty Trapezoids, a Sindicate of elegant straight lines, but… he lacked the main thing. To own the famous Round Flower.
The King had planted in his patio two vertical Parallels that served as watchmen. The Parallels grew, grew and grew...
Frequently the King climbed on them to scan the horizon to see if someone was bringing the Flower, but nobody did.

He had sent forth hundreds of expeditions to search for her and nobody had been able to find her.

One day the Captain of the Diamonds had asked him:

“And what is the use of that flower, Mr. King?”
“Fool, silly Fool!” Thundered the King. “Only silly fools ask what a flower’s use is!”

And Captain Diamond, afraid that the King might prick him, slowly slided out of the door sideways.
Another day, the Commanders of the Triangles asked him:
“We’ve covered all the angles of the country without finding her, Mr. King. We almost believe she doesn’t exist. Might I ask, what is the use of this flower?
“Fool, silly fool!” thundered the King. “Only silly fools ask what the use of a flower is!” 
The Commander of the Triangles, fearful lest the King should prick him, went out quietly and sideways out of one of the eighteen windows of the Palace.
Another afternoon, the Secretary of the straight Lines Syndicate appeared before the King and was bold enough to say:

“Wouldn’t you like to get some other, more useful thing, Sire? Because, after all, What’s the use of a flower?
“Fool, silly fool!” thundered the King, “Only silly fools ask what the use of a flower is”.
Poor Miss Straight Line, afraid that the King would prick her, slipped away down a little hole in the floor. 

Some little time later, the Trapezoids arrived, battered and melancholy after a long expedition.
“Well? Did you find  the Round Flower? Asked the King impatiently.

“Not a trace, Your Majesty.

“And what the Devil did you find?”

“Ice Cubes, three dices, a ruler and a little box.

“Fed up!! I’m fed up of angles and straight lines and points! You’re all squares!!

This last insult was a great offence to the Triangles.

"I’m fed up and miserable! I want to find the famous Round Flower!"
And they all had to chorus the song that had already become the country’s Hymn.


Not without the Round Flower

Ho, ho, ho, ho, ho.

The King’s subjects, to take his mind off the whole business, decided to organize a football match.

The bleachers were full of excited Points. The Diamonds were challenging the Triangles.

Finally, the Triangles won, 1 to 0 (an astonishing feat if one considers that the ball was a cube). The Captain of the Diamonds went off to a corner to weep about his defeat.   

The Commander of the Triangles, tired and triumphant, drew near the King:

“Well? Did you enjoy the match, Your Majesty?”


“Bah, bah!” said the King, absentmindedly, with his one track mind “Let’s not waste time on matches; tomorrow we all leave on an expedition.”
Tomorrow? But we’re all very tired, Mr. King. The match lasted seven hours; you have no idea how tiring it is to play with a cube-shaped ball.”

“Fool, silly fool! We leave tomorrow.”
Early next morning the King reviewed his troops. He had decided to head the expedition himself. Diamonds, Squares, Triangles, Trapezoids and Straight Lines stood in line, awfully sleepy and escorted by a few Points who had been recruited as volunteers.
There they all go, in search of the famous, mysterious, coy, Round Flower.
The King’s expedition crossed desolate pages and copybooks, China ink rivers, dense pencil shaving forests, India rubber mountain ranges.  Searching, always searching for the blessed flower.

They inspected every angle, every corner, every nook, under wind, rain, sleet and sun glare.

“I give up”, said the King at last.  “Maybe you were right and that blessed Flower doesn’t exist. Maybe you weren’t all such silly fools as I thought. Let’s go back home.”
When they got back, the King locked himself up in his room, terribly sad and miserable.
A little while later Mrs. Line went in bringing him his little chalk soup and  was  very  worried at seeing him so sad.
“Mr. King”, she said to comfort him “Don’t you know that it is always better to sing and dance than to mope?”
When Mrs. Line had slithered away under the door, the King, who wasn’t deaf to advice, said:
“Well, all right, let’s try:  Tra la la.”  And he sang and danced a little.
Dancing, dancing, dancing, he found out, to his great surprise, that he had drawn a beautiful Round Flower on the floor of his room. And he kept on dancing till he had drawn flowers and more flowers and they soon became a garden.

Ho, ho, ho, ho
And the Flower he did draw.


María Elena Walsh


(English translation by María Lía Macchi)



Isn't it lovely? 

It seemed perfectly well as a farewell to someone who must have searched a lot during her life and, more than once, would have discovered that what she was looking for could be found in herself.

10 ene 2011

María Elena Walsh y la flor redonda

Hoy murió María Elena Walsh a los 80 años.

Liniers en su blog publicó una despedida preciosa que refleja el sentir de muchos.
En otras entradas di fiel testimonio de mi cariño y admiración hacia su obra (aquí y aquí).

Pero aquellas veces hablé especialmente de su música y canciones, por eso hoy me gustaría recordar uno de sus mejores cuentos. O al menos uno de mis preferidos. Es deliciosamente irónico y sentimental a un tiempo, gracioso y profundo y sin duda tiene una estructura perfecta.

Es "El país de la Geometría" que se publicó por primera vez en la colección de cuentos El diablo inglés de 1974. Después apareció contado por la misma autora en el disco Cuentopos con música de Oscar Cardozo Ocampo.

Aquí se puede escuchar (¡no sean tontos retontos, y no dejen de hacerlo!), a través de este sitio uruguayo.

Y a continuación el texto:

El país de la Geometría

Había una vez un amplio país blanco de papel. El Rey de este país era el Compás. ¿Por qué no?
El Compás. Aquí viene caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no.

Jo jo jo jo jo, 
una pincha y la otra no.

El Rey Compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma de icosaedro, con dieciocho ventanitas. 
Cualquiera de nosotros estaría contento en un palacio así, pero el Rey Compás no. Estaba siempre triste y preocupado.
Porque para ser feliz y rey completo le faltaba encontrar a la famosa Flor Redonda.

Jo jo jo jo jo, 
sin la Flor Redonda no.

El Rey Compás tenía un poderoso ejército de Rombos, una guardia de vistosos Triángulos, un escuadrón policial de forzudos Trapecios, un sindicato de elegantes Líneas Rectas, pero... le faltaba lo principal: ser dueño de la famosa Flor Redonda.
El Rey había plantado dos Verticales Paralelas en el patio, que le servían de atalaya. Las Paralelas crecían, crecían, crecían...
Muchas veces el Rey trepaba a ellas para otear el horizonte y ver si alguien le traía la Flor, pero no.
Había mandado cientos de expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla.
Un día el Capitán de los Rombos le preguntó:
–¿Y para que sirve esa flor, señor Rey?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor!
El Capitán Rombo, con miedo de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por el marco de la puerta.
Otro día el Comandante de los Triángulos le preguntó:
–Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca sin encontrarla, señor Rey. Casi creemos que no existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! 
El Comandante de los Triángulos, temeroso de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por una de las dieciocho ventanas del palacio.
Otra tarde la Secretaria del sindicato de Líneas Rectas se presentó ante el Rey y tuvo la imprudencia de decirle:
–¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor Rey? Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?
–¡Tonta, retonta! –tronó el Rey–. ¡Solamente las tontas retontas preguntan para qué sirve una flor!
La pobre señorita Línea, temerosa de que el Rey la pinchara, se escurrió por un agujerito del piso.
Poco después llegaron los Trapecios, maltrechos y melancólicos después de una larga expedición.
–¿Y? ¿Encontraron a la Flor Redonda? –les preguntó el Rey, impaciente.
–Ni rastros, Majestad.
–¿Y qué diablos encontraron?
–Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita.
–¡Harrrto! ¡Estoy harrrto de ángulos y rectas y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados! (Este insulto ofendió mucho a los Trapecios).
–¡Estoy harrrto y amarrrgado! ¡Quiero encontrar a la famosa Flor Redonda!
Y todos tuvieron que corear la canción que ya era el himno de la comarca: 

Sin la flor redonda no.
Jo jo jo jo jo.

Los súbditos del Rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido de fútbol. Las tribunas estaban llenas de Puntos alborotados. Los Rombos desafiaban a los Triángulos.
En fin, ganaron los Triángulos por 1 a 0 (mérito singular si se tiene en cuenta que la pelota era un cubo). El Capitán de los Rombos fue a llorar su derrota en un rincón.
El Comandante de los Triángulos, cansado y victorioso, se acercó al Rey:
–¿Y? ¿Le gustó el partido, Majestad?
–¡Bah, bah!... –dijo el Rey, distraído, siempre con su idea fija–. No perdamos tiempo con partidos; mañana salimos todos de expedición.
–¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor Rey. El partido duró siete horas; usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo.
–Tonto, retonto, mañana partimos.
A la mañana tempranito el Rey pasó revista a sus tropas. Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición. Rombos, Cuadrados, Triángulos, Trapecios y Líneas Rectas formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos Puntos enrolados como voluntarios.
Allá se van todos, en busca de la famosa, misteriosa y caprichosa Flor Redonda.
La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados, ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras de gomas de borrar, buscando, siempre buscando a la dichosa flor.
Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana.
–Me doy por vencido –dijo por fin el Rey. Quizás ustedes tenían razón y la dichosa Flor Redonda no exista. Quizá no eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita.
Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente triste y amargado.
Al rato entró la señora Línea a llevarle la sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste. 
–Señor Rey –le dijo para consolarlo–, ¿no sabe usted que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?
Cuando la señorita Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta, el Rey, que no era sordo a los consejos, dijo:
–Y bueno, probemos: la la la la... Y cantó y bailó un poquito.
Bailando, bailando, bailando, descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa Flor Redonda sobre el piso de su cuarto. Y siguió bailando hasta dibujar flores y más flores redondas que pronto se convirtieron en un jardín.

Jo jo jo jo
y la Flor la dibujó.
María Elena Walsh. 



¿No es encantador? 

Me parecía perfecto además como despedida de alguien que debe haber buscado mucho durante su vida y más de una vez habrá descubierto que aquello que buscaba podía encontrarlo en sí misma.

4 nov 2010

La sabiduría de Puán

Desde hace unas semanas sigo un blog donde se recopilan frases de los profesores de mi facultad. Su edificio principal está ubicado en la calle Puán 480, barrio de Caballito, de ahí el nombre: "La sabiduría de Puán".

Hoy se publicaron dos frases que me gustaron especialmente, la primera no puedo publicarla porque Diego se enoja (¿cómo alguien se atrevería a culpar a Marinetti de grasa? así que no la pongo aquí).

Pero con la otra no tendrá problemas. Además de encantarme, fue un verdadero volver a vivir mis clases de Filosofía Medieval compartidas con mi amiga Ilona. La Dra. Magnavacca, además de excelente docente -o quizás justamente por eso- solía disparar enunciados contundentes y precisos, como éste de hace pocos días:


"A excepción de los inspectores de la AFIP, nadie duda de la existencia del alma, aunque ahora se le llama 'aparato psíquico' según el psicoanálisis, 'la triste mitología de nuestro tiempo', como dice Borges
S. Magnavacca (Historia de la Filosofía Medieval)



Esto es lo que decía Borges al publicar por primera vez el compendio de su obra poética:
"Toda poesía es misteriosa; nadie sabe del todo lo que ha sido dado escribir. La triste mitología de nuestro tiempo habla de la subconciencia o, lo que es aún menos hermoso, de lo subconsciente; los griegos invocaban la musa, los hebreos al Espíritu Santo; el sentido es el mismo”.  (Borges, Obra poética, "Prólogo", 1977)

11 oct 2010

Lo implacable






Si quiero por las estrellas,
saber, Tiempo, dónde estás.
miro que con ellas vas,
pero no vuelves con ellas.
¿Adónde imprimes tus huellas
que con tu curso no doy?
Más, ay, qué engañado estoy,
que vuelas corres y ruedas;
tú eres, Tiempo, el que te quedas,
y yo soy el que me voy.

                                                  Luis de Góngora





Este es el Ángel Exterminador o el Ángel de la Muerte en la entrada del Cementerio Municipal de la Ciudad de Azul. Puro hormigón, monumental, lineas duras y estilo art decó rematadamente fascista.


Sus dimensiones y expresividad impactan e impresionan. Uno se pregunta si custodia la entrada al camposanto o nos espera amenazador. 



Es una de las creaciones más famosas del arquitecto Francisco Salamone que cuidó personalmente cada uno de los detalles de la construcción y el diseño del cementerio. Hacía casi un año que quería publicar estas fotos que sacó mi marido, pero pretendía hacer un post más completo sobre este arquitecto de origen italiano que en algunos años de la década del 30 pobló la Provincia de Buenos Aires de obras monumentales: edificios municipales, diseños de plazas, mataderos y cementerios... Nunca llegaba el momento y de hecho nunca llegó, mientras el tiempo pasaba y de hecho pasó.

Pensando justamente en eso, recordé aquella décima de Gongora (o atribuida a él, porque aún no estoy segura de qué han dicho los gongoristas al respecto). En especial esos versos finales que siempre están en mi cabeza y me atormentan por su verdad perentoria "tú eres, Tiempo, el que te quedas / y yo soy el que me voy".

Se me figuró entonces como epígrafe perfecto para el Ángel Exterminador de Azul, con su mirada dura y su espada implacable.

***

Addenda 15 de octubre

Dos notas muy recomendables de Página/12 sobre Salamone, una del 2002 y otra del 2009.

23 jun 2010

Patetismo



El grito, 1893
 Galería Nacional de Oslo

Hay días en que uno se siente patético. Perdón, recapitulo sin generalizar. Hay días en que yo me siento patética. Y en esos días la imagen que se me aparece una y otra vez es el El grito de Munch. ¿Por qué será?

Es raro, siempre me pareció raro que se me apareciera esta imagen para representar mi sentimiento patético. Leía al sujeto principal del cuadro como espantándose de algo que estaba fuera de sí, en el exterior; algo que veía y quedaba literalmente fuera de[l] cuadro. Sin embargo para mí era la imagen perfecta de un sentimiento íntimo. 

Ahora sólo con buscar la imagen en Wikipedia descubro (lo que puede la ignorancia) que se dice que originalmente se llamó "La desesperación" y las interpretaciones canónicas, incluso las del propio artista, aluden a perturbaciones profundas de la psiquis, angustia, ansiedad, desórdenes de la personalidad (la versión en inglés trae más referencias). 

Vamos bien... más elogios de la locura. Y compruebo que mi respuesta emocional al cuadro era más acertada que la racional. ¿Deberé alegrarme por eso?

En estos días, también, aparecen como una cantilena repetida los cuartetos del soneto de Garcilaso.

Cuando me paro a contemplar mi estado 
y a ver los pasos por do m'han traído, 
hallo, según por do anduve perdido, 
que a mayor mal pudiera haber llegado; 

mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido; 
sé que me acabo, y más he yo sentido 
ver acabar conmigo mi cuidado. 

10 abr 2010

Otoño

Adoro a Liniers.
Hay algo de haiku en sus historietas.


7 dic 2009

Horacio Molina



Me había olvidado cuánto me gustaba la voz de Horacio Molina. Luego de comentar con Vicky la veta musical de Soledad Villamil, de quien subiré algo pronto, me topé en la disquería con las grabaciones de Molina.

Me acordé entonces de cómo me fascinaba su voz cantando "Naranjo en flor" cuando Alejandro Dolina lo pasaba por su programa de radio (¡hace tanto tiempo ya! ¿y cuánto hace que no escuchamos a Dolina que sigue firme con su programa de madrugada?).

Compré un disco precioso que se llama Horacio Molina a pedido, una grabación en vivo de un espectáculo que hizo hace ya varios años.

Pero en internet no hay demasiado para mostrar aquí fácilmente. En Youtube hay poco y no de la mejor calidad. Los discos que encuentro para descargar gratis, después no funcionan (o yo no los sé hacer funcionar, bien puede ser). Y todavía no aprendí del húngaro cómo subir mis propios discos.

Por eso ahora, muestro algo de lo que encontré y espero después poder compartir más de este cantante maravilloso, tan elegante y cálido en su forma de interpretar los tangos y que me da tanto placer escuchar.




Naranjo en Flor
1944 - tango
Música de Virgilio Expósito, letra de Homero Expósito

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.
Después...¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.




Niebla del Riachuelo
1937 - tango
Música de Juan Carlos Cobian y letra de Enrique Cadícamo

Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar...
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón...
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar...
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir...

¡Niebla del Riachuelo!
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando...
¡Niebla del Riachuelo!
De ese amor, para siempre,
me vas alejando...
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí...
esa misma voz que dijo: "¡Adiós!".

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín...
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación...
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar...
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la "botella del figón"...



Además, al placer de escucharlo se suma el de volver a prestar atención a letras de canciones olvidadas, o a conocer tantas que son nuevas para mí. Es el placer del descubrimiento de la propia cultura y tradición: el mundo del tango y de la vida porteña a la que casi siempre le di la espalda.



Tu pálida voz
1947 - Vals
Música de Charlo y letra de Homero Manzi

Te oí decir... adiós, adiós...
Cerré los ojos y oculté el dolor...
Sentí tus pasos cruzando la tarde
y no te atajaron mis manos cobardes.
Mi corazón, lloró de amor
y en el silencio resonó tu voz,
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz que era mía... tu pálida voz.

En las noches desoladas, que sacude el viento,
brillan las estrellas frías del remordimiento
y me engaño que habrás de volver otra vez
desandando el olvido y el tiempo.

Siento que tus pasos vuelven por la senda amiga.
Oigo que me nombras llena de mortal fatiga,
para qué si ya sé que es inútil mi afán,
nunca... nunca... vendrás.

Te vi partir, dijiste adiós,
temblé de angustia y oculté mi dolor.
Después, pensando que no volverías
traté de alcanzarte y ya no eras mía.
Mi corazón, sangró de amor,
y en el recuerdo resonó tu voz...
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz aterida, tu pálida voz.

En Molina se ve la faceta no estereotipada del cantante de tango. Si bien elige lo que se llama tango canción, sus modos, como los de Gardel, se apartan del malevo prepotente típico de la imagen porteña del tanguero. Y, sin duda, esos modos íntimos, suaves y de gran precisión en el canto, son los que mejor expresan el sentir melancólico y tristón de los tangos de amor.

Algo de esto explica él en la segunda parte de la siguiente entrevista (de final un poco abrupto, pero que no encontré en otro lado).



Diego Ficherman en una nota de Página/12 que recogen en el sitio de Horacio Molina, dice:


El arte de la voz

Por Diego Fischerman

A veces alguna casualidad, o la voluntad de alguien, o un simple error, altera un ritual. Y a veces esa alteración, con el tiempo, cuando ya nadie recuerda aquello que le dio origen, queda convertido en verdad. Nadie sabe exactamente cuándo fue que, en el tango, cantar mal se convirtió en estilo. No hay un origen comprobado para el dudoso parentesco entre desafinación y visceralidad pero se cree, o muchos creen, que aquel que verdaderamente necesita expresar algo no andará reparando en sutilezas y, por el contrario, que aquel que se preocupa por la “forma” lo hace por mero desentendimiendo del “contenido”.

Gardel, Charlo, Fiorentino y Marino cuando cantaban con Troilo, Raúl Berón, Oscar Serpa, Angel Díaz o el gran Goyeneche de los ’50 hablaban, sin embargo, de otra tradición. Una tradición encarnada en artistas para quienes resultaba esencial la preocupación por esa pequeña pausa antes de una determinada palabra, por la manera de adelgazar la voz para decir “silencio” o “noche”, o por el “aire” tanto o más que por la caja en la que resuena. No se trata de “no tener voz” sino de saber cuándo y cómo renunciar a ella para jerarquizarla aún más. No ser estentóreo todo el tiempo es, finalmente, una de las maneras de dar valor dramático a la potencia, al agudo prodigioso y hasta al grito.

Esta es una tradición, claro está, casi desaparecida. En parte porque son muy pocos los que han logrado –y los que podrían lograr– mantener esa filiación con personalidades propias. La gran pregunta del tango es: ¿Cómo ser gardeliano sin ser una imitación de Gardel? Y la respuesta, como en aquella conferencia en la que Borges citaba un capítulo de una enciclopedia referido a las serpientes en Islandia (“serpientes en Islandia: no hay”), se acerca a la imposibilidad. Horacio Molina, alguien capaz de cantar “Malena” con ternura (como corresponde) y de saber que cuidar el fraseo y la emisión es la manera de utilizarlos como medios y no como fines, puestos al servicio de la construcción de una canción, es, eventualmente, uno de los pocos baluartes de esa raigambre. Nadie podría jamás confundirlo con Gardel, pero el detalle que Gardel ponía en la interpretación está presente en la voz de Molina. Nadie diría que suena como Charlo o como Serpa, pero mucha de la delicadeza de la que ellos eran capaces forma parte de su universo expresivo. Es imposible considerarlo un goyenechiano, pero su manera de elegir cuándo “sacar” la voz y cuándo no hacerlo parece provenir directamente de obras maestras como esa “Alma de loca” que Goyeneche cantó con Salgán. El secreto de Molina tal vez sea sencillo. Hay algo en él que tiene que ver con lo milagroso y lo irrepetible. Un timbre de voz como el suyo, simplemente, es cosa de la naturaleza –y de la suerte–. Pero todo lo demás, la manera en que en Buenos amigos, su nuevo disco, canta algo que no es un tango, “La nochera”, o un tema tan remanido como “Chiquilín de Bachín” o sus extraordinarios dúos con Beytelman, “Malena” y “La última curda”, o la exquisita “Alfonsina y el mar” que hace junto a Luis Salinas, proviene de una sabiduría notable. La de entender que el tango, para que recobre significado, para que retome sus mejores tradiciones, debe olvidarse de su caricatura. Y que los tangos, para que vuelvan a tener sentido, deben ser, antes que nada, canciones. Esos viejos sortilegios en que la música inunda de significado algunos versos.

Y aquí está la entrevista de donde sale el comentario de Fisherman. Una larga charla con María Moreno para Radar (el suplemento cultural de Página/12) donde habla mucho de su familia y donde entre otras cosas justifica, para la mirada "progre" del diario su lugar de familia bien venida a menos. También habla de sus amores, quién puede dudar que es un gran conquistador, pero de esos sutiles y verdaderos, que nos gustan a todas. Encantador.