…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura
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14 nov 2014

De monos y monerías en las Jornadas Cervantinas de Azul 2014

Presenté un trabajo en las Jornadas Cervantinas de Azul que se atreve a competir, no con Heliodoro sino con el tan querido Augustin Redondo... 
Bah, "competir" ¡ni por pienso! Más bien, completar algunas relaciones que quizás pueden estar jugado detrás del episodio de Dorotea / Micomicona.

No pude mostrar las imágenes en aquél momento, así que aprovecho a mostrar algunas aquí. El completo sentido lo alcanzarán quienes hayan escuchado la ponencia o esperen a verla publicada en las actas Don Quijote en Azul 7 que saldrán el año que viene ;-)

(Va un primer acercamiento, luego lo iré completando)

Pasaje de la idea del mono como imagen del diablo

Mono-demonio en las Tentaciones de Cristot. Puerta de las Platerías.
Catedral de Santiago de Compostela ca. 1101-1111.

Photo credit: Fco. De Asis Garcia Garcia.

Master Bertram, Fall of the Rebel Angels, detail from the Grabow Altarpiece, ca.1389


... al mono como figuración del pecador (la víctima del diablo)

Capitel en la iglesia de San Quirce, Burgos



Vanagloria
Isabella Breviary, Southern Netherlands (Bruges), late 1480s and before 1497

Amor desigual a los hijos
Bestiary. Salisbury (?) (England). Second half of the 13th century. London, The British Library, Ms. Harley 4751, fol. 11r.
Añadir leyenda
La ligazón con la idea de tentación se mantuvo, por eso aparecen monos en tantas escenas con Adán y Eva o en imágenes amorosas o eróticas.

Ludwig Krug: Adam and Eve (The Fall of Man), Nuremberg 1514 


El mono como figura del engaño, la imitación burlesca y la farsa.
Desde finales del siglo XII, fueron muy usados para parodiar los ideales caballerescos y las sublimaciones espirituales del amor cortés:







Libro de Horas flamenco ca. 1485-1490 - Bodleian library Ms. douce 219 - 


Vanidad.
El espejo es un elemento simbólico ligado a los monos desde muchas perspectivas distintas.

Covarrubias, Emblemas morales, 1610

1596  J Brye - Mono con espejo - vanidad

Imitación de las acciones humanas.




Los grabadistas flamencos del siglo XVI y XVII, como Pieter van der Borsch (padre e hijo), realizaron colecciones de grabados en las que se retrataban escenas donde los monos eran los actores protagonistas de oficios, actividades y festejos humanos. Este tipo de grabados continuaron hasta bien entrado el siglo XVII en diferentes países de Europa.

P. Van der Borscht ca. 1570



Pieter van der Borscht - fiesta acuática


Leonard Schenck, 1720


El vendedor robado por los monos (imagen muy extendida)

Finalmente las enseñanzas egipcias, según Horapolo

Horapolo - edición Jean Mercier, París 1551
"Si quieren indicar 'hombre que esconde sus defectos', pintan un mono orinando ; pues éste cuando orina esconde sus desechos."




Y terminemos con la danza de los monos de Durero que reúne tantas de las representaciones anteriores (y abrimos el paso, así también, para una próxima entrada que espero escribir pronto).

Durero - Affemtanz - 1523




Ver Horst Woldemar Janson, Ape and Ape Lore in the Middle Ages and the Reinassance, Warburg Institute, University of London, 1952

12 jul 2014

Maschefacts y las rodomontadas




Una de las cosas que más me divierte de nuestro nuevo furor por Mascherano son los geniales "Mascherano facts" que empezaron a proliferar desde el último partido contra Holanda, aquí mis preferidos
  • Dios madruga para que Mascherano lo ayude.
  • Mascherano, si quiere, te quita lo bailado. 
  • El cuco se fija abajo de la cama a ver si está Mascherano.
  • Cuando Jesús iba a multiplicar los panes, apareció Mascherano y dijo: "Tranquilos, muchachos, traje facturas".
  • Mascherano te hace el mundo en 1 día y descansa 6.
  • Mascherano sabe que lo primero fue la gallina, porque él le enseño a poner los huevos.
  • Mascherano no usa reloj, él decide qué hora es.
  • Mascherano va a terapia y él es el que dice “Por hoy, terminamos”.
  • Mascherano sabe doblar las sábanas con elástico.
  • La heladera se pone las ojotas cuando Mascherano va a abrirla descalzo.
  • Mascherano te ve el primer capítulo de Lost y ya sabe el final.
  • Mascherano le avisó a Peter Parker "Hoy te convertís en héroe" el día que lo picó la araña.
  • Mascherano no te recupera las Malvinas, te conquista Inglaterra.
  • Mascherano va a negociar con los Fondos Buitre y trae vuelto.
  • El GPS de Mascherano no recalcula, le pide perdón por su error y se autodestruye.
  • Mascherano pela cebolla y llora la cebolla.
  • Mascherano no camina. Hace girar al planeta bajo sus pies. 
  • Mascherano puede dividir por cero.
  • Mascherano pidió un Big Mac en un Burger King, y le hicieron uno.
  • Mascherano sabe cómo es él, en qué lugar se enamoró de ti, de dónde es y a qué dedica el tiempo libre.
  • Mascherano paga en el súper chino con caramelos y le dan el vuelto en efectivo.




Esto de las hazañas imposibles y las habilidades sobrehumanas me hace acordar al género bufo renacentista de las rodomontadas o bravuconadas autoexaltatorias. Según nos enteramos por Victor Infantes en su abundante estudio aquí, las rodomontadas o rodomuntadas sacan su nombre de Rodamonte, gigantón sarraceno de fuerza extraordinaria, en las obras de Boiardo y luego de Ariosto, y que luego fue derivando en el prototipo del soldado bravucón que cuenta sus propias hazañas con orgullo soberbio. Así se desarrolló en la commedia dell’arte italiana el personaje del Capitano, generalmente un español arrogante y fantasioso, que podía decir cosas como estas: 
Quando yo pienso en mi terribilissima terribilidad, de tal manera me espanto que no puedo caber en mi mismo.Yo creo que veyntidos mil maestros de guarismo no podrían contar en tres años los hombres que maté con esta mi espada, Durindana o castigalocos. (Capitano Basilisco en la comedia Gli amorosi inganni de Vicenzo Belando Cataldo, citado por Infantes p. 72). 
Nacido en el siglo XVI, el género sin embargo tuvo especial auge en el siglo XVII cuando se utiliza en la literatura panfletaria francesa para construir la imagen negativa de España. Estas colecciones de dichos y relatos autoexaltatorios serán entonces visiones burlescas para caracterizar a los españoles como fanfarrones y fantasiosos. 

Los ejemplos que doy a continuación son de la compilación francesa de principios del XVII, editada por Victor Infantes en Poesías y prosa contra España en la colección Medio Maravedí.
  • Quando yo vine al mundo, Marte me entró en las espaldas, Hércules en el braço derecho, Sansón en el isquierdo, Atlante en las piernas, Mercurio en la cabeça, Venus en los ojos, Cupido en el rostro, Nerón en el coraçón y Júpiter en todo el cuerpo, de manera que, con la abundancia de mi fuerça, quando camino hago temblar la tierra, el cielo s’espanta, el viento cesa y la mar calma; las mugeres preñadas malparen, los hombres huyen quál por acá, quál por allá y los más valientes y animosos, en viendo mi presencia, dizen todos a una voz: Libera nos Domine. 
  • Tengo la virtud del basilisco y aún más, que si él con su mirar mata a uno, mirando yo a los hombres con saña los hago caer de diez en diez como si fuessen balas de artillería. 
  • Quando camino por las calles de ciudad, mil damas me salen al encuentro, quál me tira de la capa, quál me haze del ojo, quál me combida a cenar, quál me haze un presente, quál me besa las manos y bendiga la madre que me parió, teniéndose por muy dichosa la que tiene tanta ventura de dormir una noche conmigo, a ocasión de solamente tener raça de un tan gran personaje como yo. 
  • Si voy a ti, te daré al puntapié llevándote arriba que, cargado de diez carretadas de pan, más miedo tendrás de la hambre que de la caída. 
  • Estando una vez fuera de las trincheras de Ostende, vino una bala de artillería que me entró por la boca, derribándome dos dientes, sin hazerme otro mal. A la ora, tomé aquella bala en las manos y, echándola contra los enemigos, topó acaso con una torre de la muralla que fue al momento hecha polvo, matando a mil y quinientos cinquenta y cinco soldados que la guardaban.

A su vez este tipo de hazañas me hacen acordar a las fabulosas aventuras que contaba el Barón de Münchhausen, que tanto le divierte a mi padre. Aquí el enlace de Wikipedia con buenas referencias donde entre otras cosas resume: 
“El personaje literario creado por Raspe y basado en el auténtico barón de Münchhausen se caracteriza por las hazañas extraordinarias y extravagantes de las que fue protagonista, como montarse en balas de cañón, viajar a la Luna (donde los selenitas pueden separarse de su cabeza) o al infierno con Vulcano, bailar en el estómago de una ballena, matar a un oso y cubrirse con su piel para pasar desapercibido entre otros osos, cabalgar sobre un caballo cortado por la mitad (cuando bebía agua, ésta le salía por la parte de atrás al mismo tiempo), sacarse a sí mismo de una ciénaga tirando de su coleta, llegar a un pueblo completamente enterrado por la nieve —de tal manera que al día siguiente, cuando la nieve se despeja, y el pueblo aparece a los ojos de todos, se da cuenta de que ha atado su caballo a la aguja más alta del campanario, y que por tanto éste se halla colgando del mismo— o conseguir encender la mecha de un fusil gracias a su nariz (esto le permitió, entre otras cosas, viajar agarrado a una cuerda que se encontraba conectada a una bandada de patos, los cuales le llevaron en un gran trecho de su extraordinario periplo).”









Pero, en fin, la diferencia entre las bravuconadas del soldado fanfarrón o de personajes como Münchhausen, que tanto exaltan sus fuerzas y hazañas, está justo ahí: en la auto-exaltación. De Mascherano somos los otros los que hablamos con admiración –risueña pero indudable– y todas las hazañas son puestas en boca los otros, jamás en la del personaje mismo como es la norma en las rodomontadas, porque si lo hiciera perdería una parte fundamental del halo heroico que le atribuimos que es una especie de habilidad unida a la humildad. Nada más alejado de las bravuconadas, entonces. 

Otra diferencia con la rodomontadas es que en todo este furor por las hazañas imposibles no hay ninguna burla hacia el personaje como sucedía con el soldado fanfarrón, sino todo lo contrario; son exageraciones irónicas pero no sarcásticas, risa sin sangre y de verdadera admiración, donde más que la fuerza lo que predomina es la eficacia, el saber o el armado estratégico. 

Es como si volcáramos la típica fanfarronería argentina (o quizás más que nada porteña) a un personaje no fanfarrón y que en nuestra construcción se destaca por el saber, la habilidad y la estrategia: el ver más allá que el resto para guiar al grupo. Obviamente me parece bastante más sano como sociedad que poner todo en la figura de un “Dios” (sí, me desagrada el personaje de Maradona exaltado).

Gracias a Ximena González por la contribución

16 abr 2014

16 de abril o los viajes espacio-temporales a bordo de una grey box


Estaba revisando unos volúmenes antiguos (para una tarea de catalogación que nos encomendaron junto a mi amiga Eleonora en el Instituto de Filología) y di con los cuatro tomos El evangelio en triumpho o historia de un philosopho desengañado. No tenía idea de qué era esta obra y ni noticias de su autor, que no figura en la portada ni en otra parte del volumen


Como se ve, con letra moderna alguien había anotado en lápiz el nombre de Pablo de Olavide, pero todo eso seguía sin decirme nada (¡oh, ignorancia! o, como decía mi abuela paterna, "el que no sabe es como el que no ve"). Así que empecé a leer el prólogo para enterarme de qué se trataba. Si la computadora que me asignaron hubiera funcionado en ese momento, habría encontrado los datos del libro en un instante, pero se aprecia en esta circunstancia fortuita cuánto más fructífero es a los perezosos o vagos (ejem, ejem) carecer de atajos informáticos para paliar la curiosidad.

Me sorprendió, en primer lugar, el comienzo de la historia personal del libro en el prólogo, situado en un lugar y fecha tan sonados: París 1789. Y, por supuesto, la mirada del español sobre la Francia de la época (el siglo XVIII español es un misterio para mí).
"Un destino tan triste como inevitable me condujo á Francia: mejor hubiera dicho, me arrastró. Yo me hallaba en París el año de 1789: y vi nacer la espantosa revolución que en poco tiempo ha devorado uno de los más hermosos y opulentos Reynos de la Europa. Yo fui testigo de sus primeros y trágicos sucesos; y viendo que cada día se encrespaban mas las pasiones, y anunciaban desgracias mas funestas, me retiré á un Lugar de corta población."



Así pues, la cuestión de las fechas quedó tintineando en mi cabeza mientras seguía leyendo el relato de este español que escapaba del Terror en Francia especialmente horrorizado ante el sacrílego abandono de la Religión 
"La iglesia en la que celebrábamos todos los días los terribles Mysterios, fué transformada en Templo profano que llamaron de la Razón"


¿Quién era el autor? ¿Qué hacía en Francia en esa época?


Luego seguía con la idea que evidentemente dio nacimiento al libro: debería haber una obra que explicara los fundamentos del Cristianismo: no para indicar lo que hay que creer (para eso ya están los catecismos) sino para dar cuenta y justificar el porqué es justo sostener esas creencias. 
[Los catecismos] "No explican los motivos de nuestra creencia, ni exponen las razones evidentes y los incontrastables fundamentos en que estriba la Religión Christiana, y que convencen de su Divinidad y certidumbre."

Sigue lamentándose por la ausencia de tal libro, que presenta como de utilidad manifiesta para revertir el proceso que se había iniciado en Francia (casi como el arma más poderosa de la contrarrevolución), que se une a su reconocimiento como hombre poco preparado para escribir él mismo semejante obra.


Sin embargo, por fin llega el turning point de este conflicto y he aquí lo que me produjo a mí la mayor impresión (idiota e intrascendente, pero también de eso se trata este blog): todo empezó a cambiar cuando su escondite fue descubierto o cuando el poder lo quiso apresar; y aparece aquí la otra fecha precisa que se menciona en el prólogo: 
"En la noche del 16 de Abril de 1794 la casa de mi habitación se halló de repente cercada de soldados, y por órden de la Junta de Seguridad general fuí conducido á la prisión de mi Departamento."


Tuve que mirar mi reloj para confirmar la fecha (a veces me pierdo), pero sí, estaba leyendo eso justo, justo, otro 16 de abril y justo, justo 220 años después.

El autor sigue hablando de coincidencias, como la que yo también experimentaba entonces, porque tuvo la suerte o providencia (todo es válido en el tópico del manuscrito encontrado) de dar en la prisión con un escrito que le venía como anillo al dedo para la obra que tanto necesitaba "la Francia" y la cristiandad.
"Pero el Cielo que favorece las buenas intenciones, dispuso que en la misma prisión tuviese en mis manos un manuscrito que contenía la historia reciente de un Philósopho muy conocido en una serie de cartas escritas por él mismo y por algunos de sus amigos."

En fin, como se imaginarán, el manuscrito encontrado de las cartas del Filósofo de estos tiempos será el cuerpo de la obra (le dio para 4 volúmenes ¿cómo se conservaría algo así en la prisión francesa?), en la que se recorre el paso desde la incredulidad racionalista hasta el convencimiento religioso, todo a través de las cartas de los personajes que mezclan la discusión filosófica con algunos relatos novelescos del acontecer de sus vidas. O al menos eso vislumbré hojeando un poco las páginas de la obra, que cuenta además cada tanto con algunos grabados muy del estilo de fines del XVIII para ilustrar las escenas novelescas. (Creo que hay 6 grabados por volumen, porque esa cantidad conté en el primero y hay al final de uno de ellos una anotación en lápiz de algún librero que dice "4 volúmenes con 24 grabados").

[Dejo aquí las paginas restantes del prólogo]

  

  



Mi apreciación de la obra se mostró congruente con los datos que encontré después por internet. Además de señalarme otra vez mi ignorancia –porque se trata de una obra de un enorme éxito entre finales del XVIII y principios del XIX–, pude conocer lo que no imaginaba de su curioso autor, Pablo de Olavide (también tan notablemente conocido que se ha creado hace pocos años una nueva universidad española que lleva su nombre).

Pablo de Olavide sin duda merece unas notas aquí, para que me quede constancia de su persona, en estos apuntes digitales que la red me guarda, y para que quienes, como yo, tampoco lo conocían se interesen en él. 

En esta página y en wikipedia (y aquí, una noticia más escueta) me entero de la vida de este criollo de familia rica, nacido en Lima a principios del siglo XVIII con una rapidísima carrera académica y muy precoces puestos en la administración del virreinato; su escandalosa huida de América, perseguido por deudas y acusado de desfalcos, con juicios que lo siguieron hasta España y que lo habrían sepultado en la cárcel si no lograba un casamiento más que ventajoso con una viuda veinte años mayor y por supuesto rica; sus viajes por Europa (no tan frecuentes en los españoles de su tiempo) y sus íntimos contactos con lo más preclaro de la intelectualidad francesa que lo llevó a ser perseguido por la Inquisición por introducir libros prohibidos en la Península; su necesario exilio en Francia por acusaciones de herejía, convirtiéndose en casi el único intelectual "español" (aunque recordemos que era americano de nacimiento) respetado por sus pares franceses (íntimo amigo de Voltaire); y, como vemos en las páginas de este prólogo, desanimado por las derivaciones radicales de la Revolución Francesa. Al parecer, con esta obra que apareció anónima pero que tuvo numerosas re-ediciones en poco tiempo, logró "comprar" su vuelta a España y el acogimiento como arrepentido al redil de la ortodoxia religiosa. [Aquí un breve comentario sobre ella.] En los últimos años de su vida (primeros del siglo XIX), publicó en España bajo el seudónimo de Anastasio Céspedes y Monroy.

[El armario gris donde se guardan los volúmenes del Tesoro en la biblioteca del instituto funcionó para mí esta vez como una querida y famosa blue box]

23 abr 2013

A Neuwelke para el día del libro


Siempre es lindo recibir regalos.
Si una no los esperaba y son sorpresa, mejor.
Si vienen por correo, mejor todavía (pero eso no sé por qué).
Y si es una novela en el día del libro es absolutamente delicioso.

¿Y qué si era la novela que me tenía intrigada hace meses, pero no podía conseguir en Argentina (por las idioteces del negocio editorial sumadas a las de nuestras políticas cambiarias de las que ya hablé)?





¿Y qué si para sumar a todo esto me la manda el propio autor, amigo virtual y bloguero admirado, que me la dedica y hasta adorna con un simpático dibujito?



Me voy de pensionista a Neuwelke, la duda es si salgo de allí. O cómo salgo.




Algo más sobre El pensionado de Neuwelke, aquí.

29 mar 2013

Bennett; el otro, el mismo


Como siempre llego tarde porque dejo todo para último momento. Así que mi compromiso con la Arnold Bennett Blogers Assembly se me pasó como dos días.

Sin darle más vueltas a la cosa y para que quede al menos registro de que soy poco confiable pero no completamente irresponsable... quiero hacer un breve comentario sobre la novela Buried Alive  o Enterrado en vida según la traducción castellana.

En Argentina es casi la única novela traducida que se consigue en ediciones más o menos actuales. No han llegado las nuevas traducciones españolas de Cuento deviejas de 2011, ni ese ensayo tan particular que promete ser Cómo vivir con 24 horas al día y encargar libros a vendedores extranjeros se ha convertido no ya solamente en algo carísimo sino prácticamente imposible por nuestras restricciones cambiarias. Gracias a Dios existen los ebooks; y las obras de Bennett en inglés puedo leerlas bastante bien en mi kindle, a pesar de mis limitaciones lingüísticas.Pero esta vez quiero, antes que nada, comentar unos asuntos externos que resuenan curiosamente en el meollo de  Enterrado en vida

Esta novela trata de un hombre tan tímido que prefiere dejar creer al mundo que ha muerto antes que contradecir a quien lo ha confundido con su mayordomo. Para acentuar más el embrollo de identidades, el asunto es que el protagonista era un pintor famoso que había revolucionado los círculos artísticos de Europa y vendía sus obras a precios altísimos, pero nadie conocía más que su nombre y sus obras: era un misterio oculto al que no se le conocía la cara.  Así las cosas, nadie se da cuenta del error en que se embarca el país entero cuando homenajea a otro –al cadáver de otro– como a su mayor artista y el nombre, Priam Farll, resuena en todo Londres como sinónimo del  merecido orgullo nacional en el campo de las artes.

La novela tiene muchos más vericuetos y en especial un personaje fantástico, como la inigualable Alice, una viuda sensata y pragmática que el protagonista tiene la suerte de encontrar por otro impulso e intercambio de identidades y quien lo guiará a su nueva vida de hombre común, modesto, tranquilo y alejado del mundo sofisticado en el que se movía antes, cuando era Priam Farll, el gran pintor aristocrático.



Decía que en Argentina este libro se encuentra en muchos vendedores de viejo. Y esto es así porque salió en la famosa colección “Jorge Luis Borges – Biblioteca Personal”. Esos libros negros de tapa dura y letras en dorado que editó Hyspamérica a mitad de los ’80. Son unas cien obras elegidas por Borges como una suerte de testamento de lector.
“No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de  tantas literaturas.”

Dice Borges en la página de presentación de la colección que acompaña todos sus volúmenes.

No me parece extraño que entre las novelas de Bennett, Borges haya elegido ésta. Y no sólo porque despliega una fina ironía inglesa, sino especialmente porque desarrolla el tema del otro o del doble al que tantas vueltas le dio él en sus obras.Pero sin embargo, sí es un poco un misterio por qué Borges habrá elegido a Bennett en su limitada colección. A diferencia de otros autores de esta "Biblioteca Personal", muchas veces mencionados en todos sus años de comentarios y reseñas literarias, no encuentro que haya hablado de Bennett antes, e incluso, no parece haber sido un autor conocido entre nosotros.

Vale la pena transcribir el breve prólogo que escribió Borges para Enterrado en vida:

Enoch Arnold Bennett (1867-1931) se consideraba un discípulo de Flaubert, pero no pocas veces fue algo menos severo y más agradable: un buen heredero de Dickens. Nos ha legado tres largas novelas hoy clásicas: The Old Wives’s Tale (1908), Clayhanger (1910) y Riceyman Steps (1923), que indudablemente son obras maestras, de lectura intensa y conmovedora. En su Historia de la literatura inglesa, obra curiosamente parca en elogios, George Sampson lo juzga genial, pero este epíteto sugiere violencias y altibajos que son del todo ajenos a Bennett y a su estilo sereno, que pasa inadvertido como el cristal. Bennett se entregó a la literatura con una suerte de entusiasmo tranquilo. A diferencia de H.G. Wells, de quien era amigo íntimo, nunca permitió que sus opiniones intervinieran en su obra.
Enterrado en vida data de 1908. Su héroe, Priam Farll, que manda a la exposición anual de la Royal Academy un cuadro con un vigilante y, al año siguiente, otro con un pingüino es un tímido; la historia entera, con todas sus luces y sus sombras, surge de un solo acto de timidez. La crítica la juzga la mejor de las comedias domésticas de Arnold Bennett, pero esa abstracta definición, acaso irrefutable, nada nos dice de las muchas felicidades y de las muchas sorpresas que en este libro nos aguardan.
Arnold Bennett fue uno de los primeros que reconocieron a William Butler Yeats. Escribió “Yeats es uno de los grandes poetas de nuestra era, porque media docena de lectores sabemos que lo es.”



Tan poco conocido era Arnold Bennett para 1985, cuando se publicó el volumen, que la editorial tomó una decisión curiosa y que lo haría pasar aún más desapercibido entre nosotros, tal vez: como se ve en la tapa, eligió tomar el nombre que Bennett casi no usaba y lo llamó Enoch A. Bennett... 

Borges murió al año siguiente sin haber completado los prólogos de todos los títulos de la colección. ¿Se habrá enterado de este error o nunca lo supo? ¿O acaso podría haberse divertido con semejante confusión de identidades tan adecuada para esta historia? No lo sabremos, pero lo cierto es que cuando se recopilaron los prólogos de Borges a esta colección nadie subsanó el error y se mantiene ahora nuestro autor como “Enoch A. Bennett”.  A medias desconocido o confundido con otro, como Priam Farll.