…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

17 sept 2011

Comunicación


Todos los que tengan hermanos sabrán que el vínculo que genera compartir la familia, crecer juntos y ser mutuos testigos de la vida del otro es algo imbatible.

Sin embargo, muchos también sabrán que la comunicación por momentos parece imposible. Como si cada uno hablara en idiomas distintos. O como si a propósito las palabras viajaran por canales paralelos.

Nosotros, a veces, ya no sabemos qué métodos usar para que nuestras hijas se entiendan...


27 ago 2011

Cotorras, araucarias y jesuitas


Mezclas extrañas, desordenadas y estruendosas. 



Llegamos sobre la hora a la antigua estancia jesuítica de Santa Catalina una de las más grandes en las cercanías de Córdoba capital. Ya terminaba el horario de visita y nos quedamos afuera sin poder recorrerla, espiamos lo que pudimos. Los chicos tenían hambre y estaban "cansados de visitar iglesias".


Una de las cosas que llamó nuestra atención era el alboroto que armaban montones de cotorritas. Sus nidos entretejidos en unas araucarias (creo que no del tipo araucano o patagónico…) podían ser buen ejemplo de esos sincretismos a los que los jesuitas fueron tan afectos. Cotorras anidadas en araucarias en tierras que fueron jesuíticas.


Siempre me gustaron las cotorritas y sus nidos, pero nunca había tenido un zoom para verlos de cerca (y un marido a mano y resignado a fotografiar casi cada cosa sobre la que digo “¡Qué lindo!” –que es mi frase en clave para decir “¡Sacá una foto de eso!”).


Sus nidos son muy divertidos. "Propiamente un conventillo", como diría Catita. No es casual que otro nombre para llamar a las cotorras sea "catitas", son bastante parecidas al personaje de Niní Marshall: alborotadoras, vistosas e intrépidas. Y muy contentas con ellas mismas, I might add.


Aquí se ve de cerca un nido conventillo.


Hay que ver cuántas cotorras que caben ahí adentro.


Dos salen volando quién sabe por qué


y una pobrecita se queda sola…




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Un interrogante, ¿esta otra veleta es una mujer? Buscaremos más información



20 ago 2011

Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar



¡Me había olvidado de estas fotos, de cuando la mitad de la casa estaba en el balcón!







La frase del título la concibo únicamente con acento extranjero y sólo la conocía por el personaje de Siegfried en el Súperagente 86 (o Get Smart). Pero hace poco descubrí que es un agregado de los doblajes mexicanos de la serie. Si ven aquí lo dice en el minuto 1:45, pero en el original no aparece, como se ve aquí por el minuto 12:00.

Ahora estamos en Córdoba donde escucharemos mucho acento extranjero: ruso de parte de mi familia y cordobés de la población. Que desde ya no es extranjero, sino todo lo contrario, pero sin duda es diferente al aburrido fraseo porteño. ¿Hay algo más divertido que la tonada cordobesa?

13 ago 2011

Cachorros



Escribo esto un rato antes de conocer por fin a mi sobrina rusa, Mimí, que nació el a fin del año pasado en San Petersburgo. Ya la conozco por fotos y videos, claro, pero no es lo mismo que poder tenerla en brazos, apretujarla y sentirle el olor a bebé. La expectativa de esa sensación futura me tiene muy entusiasmada.


Mi hermano no me dejará subir aquí fotos de ella para ilustrar esta entrada y para que se comprenda mejor mi emoción. De todas formas, no creo que sea necesario.



Me parece que todos entendemos ese regusto, excitación y encantamiento que producen los cachorros de todas las especies.



Yo nunca entendí mucho aquello de que "la sangre tira". Esa idea de que uno quiere más a los que son de su propia familia. Para mí todo se basa en la conexión que se tiene o no con la otra persona. Sea de la familia o no. 


Verdad es que a los de la familia uno tiene más libertad tal vez para apretujarlos (insisto con mi idea fija) como pienso hacer dentro de menos de una hora con Mimí, la bohème rusa.



29 jul 2011

Interrogantes cervantinos



¿Puede tener que ver la nacionalidad para entender de una u otra forma a Cervantes? Seguramente que sí. Más que la nacionalidad, la cultura donde uno se haya formado, que es lo que cuenta. La pregunta surge de una idea recurrente que vengo teniendo en los últimos tiempos y que, aunque sé que es prejuiciosa y falaz, no consigo sacármela de la cabeza. La digo así a lo bruto y “sin ofender” (como dice mi hija menor antes de despacharse con un comentario tan demoledor como innecesario)… bueno, la idea impropia, corta de miras y discriminadora es la siguiente: que los españoles entienden mal a Cervantes.

Ya sé, ya sé. Miles de objeciones se pueden hacer al planteo mismo de la idea ¿acaso no he compartido buenas interpretaciones con algunos “hispánicos”? Sí, es verdad. Peor aún, ¿acaso he comprobado la forma en que entienden al autor del Quijote cada uno de los nacidos en la Península Ibérica? Desde ya que no. Y por fin ¿acaso creo que yo que entiendo “bien” a Cervantes y que quienes lo leen de diferente manera o piensan distinto lo entienden “mal”? No, no sin duda que no sostengo eso... Pero un poco la verdad que sí…

Todos, en cierta medida, creemos que la manera de leer al autor que estudiamos es la adecuada y que lo que percibimos o analizamos en su obra es la forma correcta de entenderlo. No quiere decir esto que nos creamos infalibles. Pero si creyéramos que nada de lo que decimos tiene relación alguna con la forma en que una obra fue construida o con las ideas que su autor puso en juego al crearla, estaríamos cometiendo una flagrante deshonestidad intelectual. Lo aceptemos o no, si el autor es el dios de su creación, el crítico se piensa un poco como su confesor o su psicólogo (del autor y de la obra). Se equivoca muchas veces, cambia sus ideas con los años y descubre aspectos que antes había dejado pasar sin percatarse. Pero en el momento en que escribe, cree que aquello que dice es la manera correcta de entender al autor y a la obra.

Debería entonces reformular mi idea prejuiciosa y sin meter a todos los españoles en la misma bolsa decir simplemente que algunas personalidades de la crítica cervantina leen a Cervantes de una forma que a mí me parece miope. Bueno, digamos, que no me gusta y no le encuentro fundamento en su obra. Y si hablé de nacionalidades es por el hecho de comprobar cuántas más ideas y enfoques sobre la obra de Cervantes puedo compartir con otros grandes críticos ingleses, estadounidenses y franceses que con tantos compatriotas de Cervantes. Pero es verdad, las generalizaciones son banales e idiotas.


En estos tiempos leí de manera más profunda y sistemática que en veces anteriores los trabajos cervantinos de una ilustre hispanista. Debo confesar que más de una vez la incomodidad fue mayúscula. De hecho la bronca iba creciendo cuanto más me adentraba en sus textos y descubría que el problema para conciliar lo que leía con la realidad de la obra de Cervantes se debía a sus faltas (las de ella) y no a mi sustancial falta de criterio e inteligencia. Me cuesta comprender cómo se le escapan los esenciales guiños cervantinos, la ironía, la ambigüedad, la certeza en la falta de certezas humanas y el descreimiento de las recetas unívocas. La genial manera que tiene Cervantes de caracterizar a sus personajes según las ideas que ellos manifiesten (que es muy distinto de creer que las ideas dichas por un personaje son sin más las del autor, como sabe cualquier estudiante), la transformación de planteos y argumentos semejantes según los géneros que se ponen en juego en cada obra, etc., etc. Pero quizás lo más imperdonable es que sugiera la idea de un Cervantes que persigue el racionalismo y pone límites a la fantasía.

Por suerte después pasé a Forcione. Otros interrogantes irresueltos ¿Por qué sus libros (Cervantes, Aristotle, and the Persiles, 1970; Cervantes and the Humanist Vision: A Study of Four Exemplary Novels, 1983; Cervantes & the Mystery of Lawlessness: A Study of El casamiento engañoso y El coloquio de los perros, 1984) jamás fueron traducidos al castellano? ¿Por qué estos libros de la Universidad de Princeton no se han siquiera vuelto a editar? ¡Con el bien que harían…!

Fue una suerte, porque leer a Forcione siempre me produce una alegría estimulante. Le dan ganas uno de leer más a Cervantes, de sumergirse en el pensamiento, las preocupaciones, conflictos y disputas de su época. En fin, leerlo me da ganas de conversar con Forcione y compartir su lectura de Cervantes. Porque uno siente que él conversa con Cervantes y que se entienden.


Debe ser por esta conjunción de lecturas tan disímiles en todo sentido que se me instaló en la cabeza aquella idea fija y prejuiciosa. Esperemos que se me pase o que pronto alguien me muestre que me equivoco y produzca con sus lecturas de Cervantes lo mismo que me producen E.C. Riley, Alban Forcione, Augustin Redondo, Jean Canavaggio, Mary Gaylord, Ruth El Saffar…

***

Una muestra de Forcione y cómo “nos” entendemos, que habla además de otros interrogantes. ¿Cómo se manifiesta la posición de Cervantes en sus obras? ¿Se le puede adjudicar una postura unívoca sobre las disputas literarias que caldeaban el ambiente artístico de su época? (La autora española lo asocia sin más al neo-aristotelismo y considera como ideas propias de Cervantes los dichos del cura del Quijote…) Forcione, en una nota encantadora, acepta el paralelo que establece Bataillon (Erasmo y España, II, 417) entre el Canónigo de Toledo y don Diego de Miranda, así como también que ambos personajes podrían compartir sus ideas sobre teoría literaria. Sin embargo…

While Bataillon is correct in observing Cervantes’ evident sympathy for the ideals embodied in these two figures, he takes the dangerous step of extracting ideas from Cervantes’ poetic context and fails to observe the delicate irony pervading the contexts in which they appear. The parallels in Cervantes’ use of these figures in fact go beyond those observed by Bataillon. Just as Don Quixote’s account of the Knight of the Lake is juxtaposed to the canon’s statement of literary ideals, so the adventure of the lions is significantly inserted following Don Diego’s description of his life of peace and piety. Admittedly each of these rebuttals is made by a madman and each is to some extent a burlesque of the ideals by which the madman is acting. Nevertheless, as we have shown, Cervantes puts discreet arguments in the mouth of Don Quixote in the former case, and in the latter states as directly as he can his preference for the demented knight to the Caballero del Verde Gabán. Again double-edged parody must be recognized.
It is safer to see Don Quixote’s confrontations with the canon and Diego de Miranda as the confrontations of two radically different modes of thinking that pull Cervantes in opposite directions and find resolution only in his irony, which allowed them to coexist as opposites. On the one hand the normative, or classical, encompassing the great rationalist movements of the Renaissance–in natural philosophy, experimental science, in literary thought, the Aristotelian tradition, in ethical thought, Christian humanism–on the other hand, the vitalistic or mythic, exalting the freedom of the individual’s creative imagination to deny the relevance of the laws of nature, to disregard the normative modes of reason, and to transmute the external world according to its own internal laws. One of the clearest indications of the tension between the appeals of these modes of thinking in Cervantes is the consistently ambivalent play of his various narrators with what represents the flowering of the Renaissance rationalistic tradition in literary matters, the Aristotelian standards of criticism. (Alban Forcione, Cervantes, Aristotle & the Persiles, Princeton, Princeton University Press, 1970, p. 164, nota 61)


Me parece buen ejemplo de cómo escucha el lenguaje cervantino, que se manifiesta de forma compleja y en muchos más lugares que en los meros parlamentos de algunos personajes. En especial aparece en las contradicciones y en la variación de las ideas según los puntos de vista. Sin que eso les quite validez, al contrario: les da más profundidad.

20 jul 2011

Con ejemplos bestiales en el día del amigo




Otra vez llega el 20 de julio y en Argentina se festeja a los amigos. ¿Otros países hacen lo mismo en esta fecha o en alguna otra? No lo sé.

Pero, como todos por aquí, vamos a aprovechar el día para saludar y celebrar a los amigos que tenemos. 




Este año con ejemplos animales.  Para eso desempolvo estas fotos familiares y vienen a mi mente los recuerdos de otros amigos que son parte de una familia mucho más extendida:  Rocinante y el rucio de Sancho de quienes cuentan que su amistad...


…fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, que el autor desta verdadera historia hizo particulares capítulos della, mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se debe, no los puso en ella, puesto que algunas veces se descuida deste su prosupuesto y escribe que así como las dos bestias se juntaban, acudían a rascarse el uno al otro, y que, después de cansados y satisfechos, cruzaba Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio (que le sobraba de la otra parte más de media vara) y, mirando los dos atentamente al suelo, se solían estar de aquella manera tres días, a lo menos todo el tiempo que les dejaban o no les compelía la hambre a buscar sustento. Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en la amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes; y si esto es así, se podía echar de ver, para universal admiración, cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros.
 (Cervantes, Quijote II, capítulo 12)*


¡Feliz día del amigo!




* English translation for some friends:

...there was a friendship so unequalled and so strong, that it is handed down by tradition from father to son, that the author of this veracious history devoted some special chapters to it, which, in order to preserve the propriety and decorum due to a history so heroic, he did not insert therein; although at times he forgets this resolution of his and describes how eagerly the two beasts would scratch one another when they were together and how, when they were tired or full, Rocinante would lay his neck across Dapple's, stretching half a yard or more on the other side, and the pair would stand thus, gazing thoughtfully on the ground, for three days, or at least so long as they were left alone, or hunger did not drive them to go and look for food. I may add that they say the author left it on record that he likened their friendship to that of Nisus and Euryalus, and Pylades and Orestes; and if that be so, it may be perceived, to the admiration of mankind, how firm the friendship must have been between these two peaceful animals, shaming men, who preserve friendships with one another so badly.   (Quixote, Part II, chapter 12)

10 jul 2011

Inscripciones

Tengo vagos recuerdos de la importancia de los graffiti o inscripciones antiguas para la historia de la cultura y de las lenguas. Los recuerdos vienen de mis queridas clases de Historia de la Lengua Española dictadas por José Luis Moure y la vaguedad es toda culpa mía, porque sus clases eran fabulosas. 

Recuerdo haber aprendido que se podía extraer mucha información sobre una lengua y la forma en que era hablada en determinada época a través de pequeños detalles en inscripciones, que en sí mismas quizás eran  insignificantes. Por ejemplo, que las confusiones ortográficas decían mucho sobre la pronunciación común de ese momento y lugar (tal como cualquiera podría entender que en Argentina no distinguimos los sonidos de la c, z y s, como hacen en España, por la cantidad de errores ortográficos que cometemos con esas letras). Así, los historiadores de la lengua, como detectives, lograron reconstruir el modo en que se fue pasando del latín vulgar a las lenguas romances, en parte gracias a la información de escrituras que muchos casos no son más importantes que lo que uno puede encontrar escrito en la puerta de un baño público. 

La cosa es entonces que en el estudio de la historia las inscripciones o grafitti han dado numerosos indicios sobre cómo se escribía, hablaba e incluso vivía en las sociedades donde fueron producidos. También muchos misterios interesantes se esconden detrás de otras inscripciones, como sucede con el cuadrado sator 


Durante el mes de junio, después de siete años de vivir en este departamento, por fin sacamos el empapelado que habíamos heredado del anterior dueño. No era una cosa tan terrible y cuando llegamos aquí estaba en muy buen estado, así que lo soportamos bastante bien, pero ya nos estaba enervando el color, en especial en la cocina que tenía una combinación de motivos insufribles. Además, los sucesivos felinos que tuvimos la suerte de albergar se habían ido ocupando de mostrar su rechazo (ellos siempre tan estéticos) en forma de arañazos y precisos recortes. Ahora con el living y cocina totalmente blancos es como tener otra casa.



Si todavía queda algún lector que no haya muerto del aburrimiento, le prometo que aquí viene el enlace con lo anterior. En el proceso de cambio hicimos unos descubrimientos interesantes: debajo del papel, fueron apareciendo curiosos graffiti que no tendrán importancia descomunal para la historia, pero que a nosotros nos dijeron mucho sobre cómo era el anterior dueño. Sabíamos que él se había ocupado de hacer bastantes reformas unos pocos años antes de vendernos el departamento y también que era algo quisquilloso. Ahora, podemos concluir con fehaciente seguridad científica que era un pesado de marca mayor.

A las pruebas me remito...

"Esto se puede mejorar ¿no?

La siguiente indicación pensamos que hace referencia a unas molduras que hizo pegar en el borde del techo del living, no querría que lo engañaran con el tiempo de colocación


"1/2 metros = 5 minutos. 20 metros = 3 horas y media.
Sin dañar pared ni techo. Gerardo"

Esta es mi preferida, demuestra su manejo del sarcasmo

"Roberto: este encuentro no va (o sea va de nuevo)"

Y en esta última se da todo un diálogo, aunque todavía no hemos podido determinar con certeza la identidad de todos los interlocutores:

"Caja mignon 220" (esta debía de ser la primera anotación)
"¿Por qué no lo tapan?" (pareciera una caligrafía diferente a las anteriores)
"No tengo ganas. La Gerencia." (es la respuesta)
Por las dudas nosotros nos comunicamos sólo de manera oral con nuestros pintores, así que no dejamos rastros. De todas formas, siempre fuimos encantadores y amables. ¿Quién puede dudarlo? No habrá dos como Gerardo en esta casa.


Bonus track:

Casi la misma perspectiva: el día ANTES de empezar las obras...



y DESPUÉS de terminar (con ya casi todo acomodado)



25 jun 2011

Ask the Doctor!

Ayer vimos el último especial de Navidad de Dr Who, es decir el que se emitió por la BBC One en diciembre de 2010. 


Era una reelaboración muy original de A Christmas Carol de Dickens. ¡Otra más! Se podrá pensar, pero no, nada aquí era repetitivo ni trillado. (Ah, y cantaba Katherine Jenkins, pretty amazing!)

Entre otras cosas maravillosas, tenía este diálogo entre el Doctor y la versión joven del viejo desalmado al que había que cambiar. El chico se encuentra frente a la posibilidad de su primer beso y pide consejo al Doctor:
Middle Kazran: I've never kissed anyone before –what do I do?
The Doctor: Well, try and be all nervous and rubbish and a bit shaky.
Middle Kazran: Why?
The Doctor: Because you're going to be like that, anyway. You might as well make it part of the plan then it will feel on purpose, off you go then.
 
¿Qué mejor idea que incorporar como parte del plan lo que de todas formas vamos a hacer o nos va a pasar? Es perfecto el consejo: no luchar contra uno mismo y construir a partir de ahí.

Tener la posibilidad de ver Dr Who debería ser un derecho universal. Llevaría felicidad e ingenio a todos los hogares.

20 jun 2011

El teatro del mundo


Estación José Hernández Línea D

En la estación de subte que tenemos cerca de casa vi el otro día este cartel de American Express. Cumplió bien su cometido publicitario porque el impacto fue inmediato y me quedé pensando en él durante todo el trayecto hasta el centro.

"Todo el mundo es un escenario. No sea un extra." Retoma el tópico del mundo como un teatro que, si bien es de origen más antiguo, durante el Barroco fue cuando tuvo su mayor éxito y alcanzó a penetrar en las mentalidades de la época de manera generalizada.

Primero me llamó la atención que la publicidad hablara de "escenario" y no de "teatro" que es como más se difundió la metáfora en castellano (por ejemplo en el famoso auto sacramental de Calderón).* Pero después recordé una de las formas en que la recreó Shakespeare y sucumbí ante la evidencia de que vivimos en un mundo globalizado... por el inglés. No es que me disguste que se difundan en las lenguas que sean los versos de Shakespeare y que las hagamos nuestras, que se nos metan en la piel y en el idioma. Desde ya que no, pero es al menos digno de mención y algo sobre lo que hay mucho por decir.

Las mejores traducciones de As You Like It, de donde sale la frase "All the world's a stage", prefieren "Todo el mundo es un teatro". El tópico se conocía en latín como theatrum mundi, no hay vueltas sobre eso. Los versos con que comienza el monólogo de Jacques dicen:

All the world's a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages... (II, 7)




Pero es evidente que "escenario" condice perfectamente con las ideas de nuestra sociedad de consumo, que valora tanto las apariencias, el estar en la vidriera, o mejor, bajo el foco de todas las miradas (no importa simplemente el teatro en sentido global, sino el escenario mismo; podio o cadalso).

De todas formas, lo que más me llamó la atención es la enorme diferencia entre el concepto que transmite la publicidad y el que floreció en la sociedad del siglo XVII. Se trata de un giro de 180º y está bien que así sea, otra vez: no critico, sólo señalo peculiaridades.

En las manifestaciones de aquella época el "teatro del mundo" llamaba a reconocer que no éramos más que actores en una obra, nuestras posiciones sociales no eran más que accidentales. A uno le tocaba hacer de rey, a otro de soldado, a otro de rico, a otro de pobre... Pero cuando terminaba la representación, es decir, cuando llegaba la muerte, todos bajábamos del escenario, nos despojábamos de nuestros vestuarios y eramos iguales. Unos y otros iguales. Para el aplauso, que era el cielo y la salvación del alma, sólo importaba lo bien que habíamos representado el papel, pero de nada iban a servirnos las glorias y riquezas pasadas, que al fin y al cabo no eran más que engaños.

Así lo decía don Quijote charlando con Sancho (para elegir un ejemplo entre los más cercanos):

[…] dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales.
—Sí he visto —respondió Sancho.
—Pues lo mesmo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato deste mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y finalmente todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.
—Brava comparación —dijo Sancho—, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
—Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más discreto. (Quijote, II, 12)

La métáfora que usa Sancho, también muy conocida,
aparece en este emblema de Sebastián de Covarrubias




La publicidad de American Express, al llamarnos a no quedar como extras, afirma todo lo contrario, porque destaca que lo fundamental es no quedar nunca en segundo plano ni dejar que la comedia de esta vida se nos pase sin lograr protagonismo. Y, obviamente, sostiene que aquéllo es lo único que cuenta.

De modo que, de un llamado al reconocimiento de la igualdad de los hombres y al desengaño de lo material, el tópico se convirtió en un alegato sobre el individualismo y el disfrute del aquí y ahora. Del teatro de este mundo que tal vez sea engaño de los sentidos, puesta a prueba y sueño; o tal vez sea la única verdad.

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La edición de Editorial Crítica al cuidado de Ynduráin y Allen del auto sacramental de Calderón El gran teatro del mundo, puede verse aquí, es una lástima que falte el Prólogo, donde un apartado analiza las "Fuentes del tema".

5 jun 2011

Cosas que (me) enamoran


      Leer a Edward C. Riley, el gran especialista británico en Cervantes, siempre me pone de buen humor. Seguramente me podrán tachar de anticuada los cultores de la teoría moderna, pero es el tipo de crítica que me gusta. No hace descubrimientos apabullantes ni nos sorprende hallando en los textos aquello que jamás hubiéramos pensado que podría estar allí. Más bien pone luz sobre aspectos esenciales que tal vez pasaban desapercibidos, o que quizás notábamos, pero no habíamos llegado a definir o ponerles nombre. Y todo con amplio un conocimiento de la cultura de la época y un fino oído para el texto.

       Ayer, releyendo su imprescindible Introducción al Quijote, me volví a encontrar con uno de esos pasajes que me enamoran. Tanto por la lectura que hace aquí Riley, como porque pone en palabras la sensación de melancólica simpatía, de encanto, que me provoca Cervantes.

   Transcribo el párrafo en el que comentan las confusiones con la realidad que experimenta  don Quijote en la Segunda Parte (1615), generalmente provocadas por otros personajes:


«En cierta medida, la ingenuidad de Don Quijote, su propensión a dejarse engañar por las tretas y las burlas de los demás, incluso cuando hay clara evidencia de lo contrario, son una prueba de su caballerosidad. Él siempre evita interrumpir el juego, esté o no de su parte. Pero, como acabo de indicar, la comedia de Don Quijote no puede compararse con la de la persona racional que no cree en serio en la fundamental realidad de los roles asumidos. Don Quijote confía en los embaucadores que se han metido en su juego pero que actúan con un espíritu muy distinto al suyo. Esto tiene implicaciones morales. 



La alternativa a admitir que la moza campesina es Dulcinea, que el Caballero del Bosque (o de los Espejos) es un doble hechizado de Sansón Carrasco y que las aventuras del castillo son genuinas es afirmar que Sancho es un mentiroso, el bachiller un impostor y el Duque y la Duquesa unos frívolos bromistas. Estas acusaciones no carecen de fundamento, pero la negativa del Caballero a admitirlas lo honra. Él gana, y los demás pierden, en nuestra estima.


Ni siquiera Carrasco, el mejor motivado de ellos, sale demasiado bien parado cuando Don Quijote se pregunta con Sancho, en qué consideración puede caber que el bachiller Sansón Carrasco viniese como caballero andante, armado de armas ofensivas y defensivas, a pelear con él. "¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión para tenerme ojeriza?" (II, 16). Por ingenuo que parezca, Don Quijote tiene fe y confianza en sus amigos. Bajo la máscara de su locura hay en el hidalgo una benevolencia que lo redime de sus pequeños defectos.»
(E.C. Riley, Introducción al Quijote, Barcelona, Crítica, 1990 [1986], 141.)


       Frente al cálculo y la desconfianza perpetua que parecen ser la norma tanto ahora como entonces (que no te engañen, no te burlen, no te hagan quedar como idiota), esta ingenuidad benevolente de Don Quijote retratada con ironía crítica por Cervantes, pero más que nada con mirada cariñosa, me conmueve y enamora.


1 jun 2011

Ahora sí



 Hace ya unas semanas que la presencia del otoño es innegable por aquí.





Los indicios son claros: el frío, los cielos grises (aunque no siempre, por suerte) y las hojas por todos lados... menos en las ramas!

29 may 2011

...que es mi dios la libertad


Íbamos a ver la salida de la Fragata Libertad desde el río. Como todos los años, ayer partía para su viaje anual de instrucción (cada vez los viajes son más cortos pero esa es otra historia). Mis padres habían estado allí en otras salidas y sus relatos nos tentaron.

Todos a bordo entonces en la mañana del sábado para llegar a tiempo desde San Isidro a Puerto Nuevo, a la altura del centro de Buenos Aires. Calculábamos unas dos o tres horas de viaje.

foto Telam
Por la tarde, el diario La Nación tituló que “Zarpó la Fragata Libertad y dejó una estela de emociones”. Frase cursi, por cierto, pero especialmente incomprobable, al menos para nosotros. Ni siquiera podemos contrastarla con otra conjunción de palabras menos trillada o más elegante y precisa, tal vez . 

¿De qué manera podríamos decir que partió la Fragata Libertad? ¿Qué dejó? ¿Cómo lo hizo? ¡Quién sabe!



Por estas cosas que tiene el Río de la Plata –especialmente su lecho de barro y las consabidas fluctuaciones en la altura de sus aguas nunca demasiado profundas– el barco de mi padre quedó detenido antes de la primera hora de viaje. Varado, indefectiblemente varado. De libertad, nada de nada.

Consolaba saber que no éramos los únicos, alrededor iban cayendo como moscas más y más compañeros de desdichas que no podían avanzar por los escasos 1,5 / 1,3 metros que tenía el nivel del agua por esa zona.


Al principio, pensamos que la marea cambiaría en poco tiempo (que no moriríamos frente a las costas de Olivos, como temía Cande, nuestra hija menor, con su notable espíritu "aventurero") y que en una hora estaríamos siguiendo nuestro rumbo al oeste. Pero no, la pleamar se tomó su tiempo. 



Casi cinco horas estuvimos allí. Viendo este paisaje. Una y otra vez. Lo bueno es que las nubes cambian y los barcos que calaban menos, los windsurfistas y las lanchas pasaban para entretenernos. No fue tan terrible: teníamos comida, el día estaba agradable y, a pesar del espacio reducido, la convivencia familiar fue llevadera.




Pero la Fragata Libertad, claro está, zarpó sin esperarnos.

Por suerte, Cande nos hizo un dibujo (en el revés de la caja que transportó la comida). No creo que otra fragata pueda haber sido más linda.

La fragata, según lo que Cande esperaba ver.

Pero ella misma votó por la de su padre, que le mostró las velas cuadradas que veríamos (todavía había esperanzas en ese momento), las copió enseguida con más gracia.

A la derecha, la fragata de Diego, la crítica de Cande y sus dos versiones posteriores.

Ah, y ésta soy yo...

¡Ja!