…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

29 mar. 2013

Bennett; el otro, el mismo


Como siempre llego tarde porque dejo todo para último momento. Así que mi compromiso con la Arnold Bennett Blogers Assembly se me pasó como dos días.

Sin darle más vueltas a la cosa y para que quede al menos registro de que soy poco confiable pero no completamente irresponsable... quiero hacer un breve comentario sobre la novela Buried Alive  o Enterrado en vida según la traducción castellana.

En Argentina es casi la única novela traducida que se consigue en ediciones más o menos actuales. No han llegado las nuevas traducciones españolas de Cuento deviejas de 2011, ni ese ensayo tan particular que promete ser Cómo vivir con 24 horas al día y encargar libros a vendedores extranjeros se ha convertido no ya solamente en algo carísimo sino prácticamente imposible por nuestras restricciones cambiarias. Gracias a Dios existen los ebooks; y las obras de Bennett en inglés puedo leerlas bastante bien en mi kindle, a pesar de mis limitaciones lingüísticas.Pero esta vez quiero, antes que nada, comentar unos asuntos externos que resuenan curiosamente en el meollo de  Enterrado en vida

Esta novela trata de un hombre tan tímido que prefiere dejar creer al mundo que ha muerto antes que contradecir a quien lo ha confundido con su mayordomo. Para acentuar más el embrollo de identidades, el asunto es que el protagonista era un pintor famoso que había revolucionado los círculos artísticos de Europa y vendía sus obras a precios altísimos, pero nadie conocía más que su nombre y sus obras: era un misterio oculto al que no se le conocía la cara.  Así las cosas, nadie se da cuenta del error en que se embarca el país entero cuando homenajea a otro –al cadáver de otro– como a su mayor artista y el nombre, Priam Farll, resuena en todo Londres como sinónimo del  merecido orgullo nacional en el campo de las artes.

La novela tiene muchos más vericuetos y en especial un personaje fantástico, como la inigualable Alice, una viuda sensata y pragmática que el protagonista tiene la suerte de encontrar por otro impulso e intercambio de identidades y quien lo guiará a su nueva vida de hombre común, modesto, tranquilo y alejado del mundo sofisticado en el que se movía antes, cuando era Priam Farll, el gran pintor aristocrático.



Decía que en Argentina este libro se encuentra en muchos vendedores de viejo. Y esto es así porque salió en la famosa colección “Jorge Luis Borges – Biblioteca Personal”. Esos libros negros de tapa dura y letras en dorado que editó Hyspamérica a mitad de los ’80. Son unas cien obras elegidas por Borges como una suerte de testamento de lector.
“No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de  tantas literaturas.”

Dice Borges en la página de presentación de la colección que acompaña todos sus volúmenes.

No me parece extraño que entre las novelas de Bennett, Borges haya elegido ésta. Y no sólo porque despliega una fina ironía inglesa, sino especialmente porque desarrolla el tema del otro o del doble al que tantas vueltas le dio él en sus obras.Pero sin embargo, sí es un poco un misterio por qué Borges habrá elegido a Bennett en su limitada colección. A diferencia de otros autores de esta "Biblioteca Personal", muchas veces mencionados en todos sus años de comentarios y reseñas literarias, no encuentro que haya hablado de Bennett antes, e incluso, no parece haber sido un autor conocido entre nosotros.

Vale la pena transcribir el breve prólogo que escribió Borges para Enterrado en vida:

Enoch Arnold Bennett (1867-1931) se consideraba un discípulo de Flaubert, pero no pocas veces fue algo menos severo y más agradable: un buen heredero de Dickens. Nos ha legado tres largas novelas hoy clásicas: The Old Wives’s Tale (1908), Clayhanger (1910) y Riceyman Steps (1923), que indudablemente son obras maestras, de lectura intensa y conmovedora. En su Historia de la literatura inglesa, obra curiosamente parca en elogios, George Sampson lo juzga genial, pero este epíteto sugiere violencias y altibajos que son del todo ajenos a Bennett y a su estilo sereno, que pasa inadvertido como el cristal. Bennett se entregó a la literatura con una suerte de entusiasmo tranquilo. A diferencia de H.G. Wells, de quien era amigo íntimo, nunca permitió que sus opiniones intervinieran en su obra.
Enterrado en vida data de 1908. Su héroe, Priam Farll, que manda a la exposición anual de la Royal Academy un cuadro con un vigilante y, al año siguiente, otro con un pingüino es un tímido; la historia entera, con todas sus luces y sus sombras, surge de un solo acto de timidez. La crítica la juzga la mejor de las comedias domésticas de Arnold Bennett, pero esa abstracta definición, acaso irrefutable, nada nos dice de las muchas felicidades y de las muchas sorpresas que en este libro nos aguardan.
Arnold Bennett fue uno de los primeros que reconocieron a William Butler Yeats. Escribió “Yeats es uno de los grandes poetas de nuestra era, porque media docena de lectores sabemos que lo es.”



Tan poco conocido era Arnold Bennett para 1985, cuando se publicó el volumen, que la editorial tomó una decisión curiosa y que lo haría pasar aún más desapercibido entre nosotros, tal vez: como se ve en la tapa, eligió tomar el nombre que Bennett casi no usaba y lo llamó Enoch A. Bennett... 

Borges murió al año siguiente sin haber completado los prólogos de todos los títulos de la colección. ¿Se habrá enterado de este error o nunca lo supo? ¿O acaso podría haberse divertido con semejante confusión de identidades tan adecuada para esta historia? No lo sabremos, pero lo cierto es que cuando se recopilaron los prólogos de Borges a esta colección nadie subsanó el error y se mantiene ahora nuestro autor como “Enoch A. Bennett”.  A medias desconocido o confundido con otro, como Priam Farll.

10 comentarios:

Urzay dijo...

Con Borges pasa (al menos a mí) que como crítico literario no tiene precio: siempre que encuentra interesante un libro o un autor, suele ser interesante. No pasa casi nunca con él lo que en esas críticas elogiosas de una novela que después lees y te preguntas qué demonios le habrán visto. A veces se le nota un gusto por provocar un poco, como cuando dice que The Wrecker es la mejor novela de Stevenson, pero después la lees y piensas que probablemente tiene razón. Lo de la deplorable circulación de libros entre los países de habla hispana, que comentas, no tiene nombre. No comprendo cómo no se aprovecha de alguna manera que somos un espacio cultural de 500 millones de personas, por no usar la palabra mercado.
Me voy a animar con el señor Farll. Espero que la tesis haya ido bien.

Julia dijo...

Tenés razón, Urzay, me pasa lo mismo con los comentarios de Borges; en especial con la literatura contemporánea. Pero también, más allá de lo "acertado" o no de sus apreciaciones, sucede que para mí nada hay más divertido en Borges que sus comentarios, reseñas, biografías, recomendaciones o hasta críticas de la actualidad (aunque por esto no sea tan querido por muchos en mi país).

Lo de los libros que no llegan aquí es desesperante. Antes los podíamos comprar por internet pero ahora eso se ha hecho prohibitivo. Pero además es absurdo que editoriales que tienen filiales en las dos costas del Atlántico no traigan aquí todo lo que se publica allá (ejemplo: la novela de José C. Valés)
La tesis ha ido muy bien, por suerte. ¡Muchas gracias por preguntar!

Arnold Bennett dijo...

Muchas gracias por tu aportación, Julia. ¡Ahora ya podemos decir que la ABBA ha cruzado el Atlántico!
Saludos cordiales,

Elena Rius

Julia dijo...

Muchas gracias, Elena ¡qué impresión recibir un comentario de "Arnold Bennett" himself...!

AJP Crown dijo...

How interesting that he has a reputation in Argentina through Borges! I bet there are very few people in the United States who would have a clue who he is. He's still remembered in England, I think, but (and I don't know this for sure) I doubt that his works are taught much in schools or universities.

Julia dijo...

Hi, AJP!
I'm not sure if he has a reputation nowadays, but apparently Borges did like him very much.
Have you read The Grand Babylon Hotel? It has very funny insights about English and Americans

AJP Crown dijo...

I'll take a look, I vaguely remember it. My mother loves Arnold Bennett, so I read them a long time ago when I was a teenager.

Julia dijo...

I did not know him, actually. I came to him by invitation of "Arnold Bennett Bloggers Assembly". I'm sure my friends will be thrill to know that your mother loves Bennett.

Jose C. Vales dijo...

No he podido leer tu artículo hasta este momento... ¡Es genial, Julia! Me estoy riendo aquí yo solo a cuenta de la elección del nombre Enoch A. Bennett.
Fantástico.

Julia dijo...

Gracias, José, qué suerte que te gustó !
Me pareció una situación muy graciosa, aunque sea una causa más para que Bennett haya pasado tan desapercibido por aquí en los últimos años.