…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

2 ago. 2010

¡1-2-3, aquí voy!

¿Por qué seré tan barroca?

Dice Fernando R. de la Flor sobre el Barroco como Era melancólica (en la página misma que estoy leyendo ahora):
Época quizá, en esto, (en este empecinamiento en considerar la falta como tragicidad), inmadura, que no supo darse a sí misma el placer de la contemplación del cambio y de la metamorfosis, esta vez abstraído de toda connotación dramática, en tanto afirmación y alegría de carácter dionisíaco. Tiempo regido por determinaciones metafísicas, por «sed de eternidades», y por lo que es una compulsión de fijeza y de estabilidad, en él apenas se intuye en qué debiera finalmente consistir el proceso de confluencia entre cultura y naturaleza, que forzosamente habría de pasar por la aceptación gozosa de que todo cambia y todo permanece. (p. 123)
[Juro que las itálicas son suyas]

Y ya sé que tendría que aprender tanto de la Locura de Erasmo y del querido Cervantes. 

Pero al fin y al cabo, parezco a veces la bruja del Coloquio de los perros:
Yo tengo una destas almas que te he pintado: todo lo veo y todo lo entiendo, y como el deleite me tiene echados grillos a la voluntad, siempre he sido y seré mala.



Addenda 3-8-2010

Al día siguiente insisto con este libro de R. de la Flor que me deprime bastante (y no estoy tan segura de que me convenza), pero encuentro en la página 128 otra frase que resuena como campanadas en mi cabeza:
El escrúpulo de conciencia devora entonces las almas [de los hombres barrocos], forzándolas a una perpetuación en el estado de lo potencial, invistiéndolas de una suspensión y detenimiento, lo que en ninguna manera se resuelve en el camino de una acción liberadora, pues que la propia acción, en cuanto comporta elección (por lo tanto, posibilidad de error), se hace a su vez materia (inminente) de pecado. 
Y luego, página 233:
El escrúpulo, primero promovido por el espíritu exigente, pronto se vuelve un obstáculo peculiarmente insidioso para el paso de la gracia, pues desde el interior del «yo» socava pronto toda confianza, aniquilando el descanso, la tranquilidad de la conciencia, mientras degrada infinitamente la propia percepción que el sujeto barroco tiene de sí.
¡Qué cosa, es como una radiografía! Hasta me da pudor copiar estos textos porque siento que hablan demasiado de mí misma... Bueno, quedan aquí para que me sirvan de recordatorio: esto es lo que debo evitar.

13 comentarios:

Aaoiue dijo...

Entonces... ¿eres barroca? Creía que el último barroco había sido Bach... En fin, siempre tengo que estar ahondando en mi ignorancia. Lo llevas muy bien.

(¿Desde cuando se dedica J. Olañeta a editar estos libros? Qué gracia)

Julia dijo...

Tengo trabas barrocas al menos...

(Olañeta se dedica hace tiempo a publicar estos libros y quedan muy bonitos por la cuidada colaboración; date una vuelta por el Studiolum y lo verás)

aaoiue dijo...

No, si tengo muchos libros de este editor, tan exquisito o más que Siruela. No conocía la colección. A Studiolum fui siguiendo un enlace tuyo. O fueron dos? Tengo tan poca cabeza...

Julia dijo...

Es que pueden haber sido muchos :)
Hoy agregué otro párrafo, este libro me está desesperando!

Aaoiue dijo...

Alguna vez has protestado por mi gramática un poco enrevesada y la escasa claridad de mis posts, que al fin y al cabo pueden ser leídos en voz alta, y te tiras de cabeza a este libro tan archisilabista y tan pesado de leer que se me contracturan hasta las venas de solo leer un par de párrafos. Allá tú.
Es que si no lo digo exploto y ya sé que no soy quien...
Decía la profesora de Cervantes en la UB, Mª Pilar Manero, lo que no entendáis es que no es bueno.

Aaoiue dijo...

Viste que hice huelga de comillas.

Julia dijo...

Tenés toda la razón, Aa, su estilo no es lo que más me gusta.
De todas formas, si siguiera el consejo de la Manero Sorolla (que bien me gustaría) debería empezar a pensar que más de tres cuartas partes de lo hecho y escrito es malo. Mejor trataré de encontrar un punto medio.

Aaoiue dijo...

Estoy segura de que ella hablada de los llamados "fantasmas". Doña Pilar una crack. Había un tipo en la clase -luego supe por un compañero que trabajaba conmigo- que era un policía nacional-, de esos que interrumpen y le dicen a las profesoras "¿Pero usted se cree lo que está diciendo?" y cosas por el estilo. Tuve que presenciar como dejó para el arrastre a un par de profesoras (con "a"). Me dije que si se metía con otra más delante mío ya iba a sacar la espada (mi manía por el protocolo). Pero con la Manero no pudo, claro. Jo, jo. Qué fina fue. Claro, ahora veo que estaría acostumbrada a lidiar con lo mismo pero a otro nivel y el policía le daría hasta como pena.

Como Flor no he visto nada.

Julia dijo...

Pero ¿era un policía que estudiaba o un policía de incógnito que los espiaba?

Aaoiue dijo...

Estudiaba de verdad. Aunque soy vieja en mi época universitaria no había policías infiltrados.

Aaoiue dijo...

Ya está, ya no digo nada más.

Aaoiue dijo...

Ya vi que no se me espera, aquí.

Julia dijo...

A veces me retraso con las respuestas pero se espera a todos