…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

3 dic. 2012

Meteorologías


El amigo luciérnago José C. Vales anduvo por Roma y, entre otras cosas, trajo noticias de un poeta y geógrafo antiguo que enseño señales  certeras para predecir la lluvia, como se puede ver en su post.

Después de leerlo, me acordé de que yo había mandado a mi fotógrafo oficial en viaje de exploración y me había traído estas fotos más que aceptables del tan conocido, por estas tierras, cigarro del Pampero. 


Son en medio del Río de la Plata en camino de Buenos Aires a Montevideo.



El pampero es un viento muy fuerte que sopla desde el sur y que puede hacer destrozos en la pampa y la costa del río. Puede venir acompañado de mucha lluvia o ser una tormenta seca, de viento solo. Esa nube alargada y algo amenazante que se ve en las fotos anuncia el pampero. La llamamos cigarro, por obvias razones de forma buen gusto...

Estar en un velero cuando viene un pampero no es de las más soñadas experiencias para quienes no somos masoquistas... Pero a veces pasa la nube y no pasa nada, como sucedió esta vez en la que sólo vino para salir en la foto, creo yo.



Lo cierto es que este cigarro de pampero no fue muy temible, lo peor de lo peor es cuando se hace de noche en pleno día y la nube alargada viene hacia nosotros con un color gris oscuro.

Pero nada de eso pasó esta vez. Sabido es que las señales incontrovertibles con frecuencia nos engañan, o simplemente nos burlan.


Esta es genial ¿no?


Fotos: Diego Landro


Fe de erratas: unas correcciones, aquí.

2 comentarios:

JCV dijo...

¡Gracias por la mención, Julia!
Impresionante y aterradora esa nube fantasmal que se va acercando, tan amenazante...
Felicidades a Diego por haber conseguido las fotografías y muchos saludos y abrazos para ti, desde este hemisferio ya invernal...

Julia dijo...

Faltaba más!
Pues no sabés el calor que está haciendo en esta tórrida Buenos Aires, así que mejor nada de cálidos saludos y mucho menos abrazos. No es falta de cariño ni antipatía, sino exceso de humedad ... el mayor mal de esta ciudad.