…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

9 jul 2012

Cataratas del Iguazú



Maravilla
*



Belleza
*




Potencia
y energía natural
*




***


Y un lugar perfecto para suicidarse, también.


10 jun 2012

...y desharás la rueda?


En el Parque das Aves de Foz de Iguaçú entramos a un recinto de picaflores y mariposas.



Al ver las fotos de vuelta a casa descubrimos la miniaturez de las patitas del picaflor.




Los loros y guacamayos, por otra parte, eran muy hábiles usando sus patas, aunque éstas no fueran tan lindas.










Y la pata de esta iguana parece mentira, como me suelen parecer siempre las pieles de los reptiles.






***

Se solía decir que el pavo real bajaba avergonzado su magnífica cola cuando miraba al piso y recordaba lo feos que eran sus pies. Por eso servía como ejemplo de la soberbia arrepentida o de los soberbios que debían bajar sus humos... Con esa intención en El coloquio de los perros Cipión le dice a Berganza a modo de reto:
Mírate a los pies y desharás la rueda, Berganza; quiero decir que mires que eres un animal que carece de razón, y si ahora muestras tener alguna, ya hemos averiguado entre los dos ser cosa sobrenatural y jamás vista.
La emblemática está llena de pavos reales con su mensaje en contra de la vanidad mundana, como éste de Francisco de Villava


Enpresas espirituales y morales, Baeza 1613.
II parte, empresa 27.

"Deformes oblita pedes" ["Ha olvidado sus pies deformes"]

Haze la rueda con gallarda pompa
La ave de Juno, y en soberbia se arde
Y qual quien oye belicosa trompa,
De su bello plumaje haze alarde.
Mas mírese a los pies y el hilo rompa
Deshaga el cerco y su altivez retarde,
Para que ansí se humille quien se ufana
Viendo el remate de la vida humana.

¿Habrá que avergonzarse siempre de los propios pies? Seguramente no. No parece lo mejor seguir esa mirada culpógena tan propia del Barroco. Pero sirve recordar cómo, dónde y con qué uno está parado en este mundo.







13 may 2012

San Telmo, 15 de abril

El otoño cada vez llega más tarde a Buenos Aires. El año pasado se demoró hasta los primeros días de abril, este año parece que recién en mayo empezamos con el fresquito.

Un domingo de mediados de abril fuimos a pasear por el barrio de San Telmo, todavía hacía un calor antes impensado para esta época, y por las calles que son peatonales los fines de semana, la marea humana era algo apabullante. 









La mayoría de los puestos de la calle Defensa vendía chucherías nada destacables. Lo que sí sobresalía era la mugre de las calles, la ciudad está cada vez más sucia.



Había algunos lugares de remanso, por suerte y ahí encontramos además muy buenos artesanos. Entre ellos, un joyero fantástico, al que apenas pueda le voy a comprar algo.






Cande le deja unos billetes a los chicos de la banda de Jazz que la miran divertidos por su mezcla de vergüenza y sofisticación






Y en la esquina de Balcarce y Estados Unidos, el café Rivas, resultó un lugar perfecto para terminar el paseo.

















Esta placa 
señala el vértice S.E. 
de la ciudad de Buenos Aires 
en la época de su fundación 
por don Juan de Garay
 el año 1580.

19 abr 2012

Los cosifluos y la teoría de la relatividad



Me apabulla tanto el paso del tiempo que ni siquiera puedo usarlo como debería.

Hoy no lograba escribir, así que perdí más tiempo mirando los millones de fotos que uno saca y guarda en la computadora. Encontré, entonces, estas figuras que había hecho Cande en el verano cuando le regalaron una cajita de plastilinas. 

Con concentración y velocidad apabullante, en menos de media hora, creó esta multitud de miniaturas, que después Diego bautizó como "cosifluos" en su álbum de fotos.







 




Es tristísimo ver a un caracol

que tenga el feo vicio del alcohol.
Tarda catorce meses
en ir haciendo eses,
desde un palo borracho hasta un farol.


(María Elena Walsh, Zoo loco, 1964.


2 abr 2012

Anne Elliot, mi Amadís de Gaula



Desde el año pasado me dediqué a disfrutar una de tantas lecturas que no había hecho antes y –con intervalos para no empalagarme– fui leyendo todas las novelas Jane Austen. Claro que había visto montones de adaptaciones en el cine y la televisión (Mr. Darcy se ha fijado en mi mente como Colin Firth y eso no me molesta en lo más mínimo), pero nada se compara al placer de leerla. Las sutilezas, la ironía, el humor –la inteligencia, al fin– de sus observaciones sobre personajes y situaciones que son al mismo tiempo imposibles de creer cercanos y que sin embargo vivimos como propios, me resultó maravillosa.

En las protagonistas de Austen, la preocupación por casarse es siempre parecida, pero asombra la amplia paleta de tonos y matices diferentes con las que pinta a cada una de ellas; al punto de que en cada una su problemática vital parece distinta. Y de hecho lo es.


La semana pasada terminé el ciclo de las grandes obras leyendo Persuasión, novela que Austen no llegó a publicar en vida y a la que según dicen los críticos tampoco llegó a re-corregir, como con las otras. Se nota en esta novela una mirada distinta: la protagonista ya no es tan joven, sino que está a punto de convertirse en una solterona porque perdió una oportunidad anterior y ahora tiene 27 años (¡horror!), tampoco hay aquí ninguna condescendencia con la nobleza, sino todo lo contrario, porque los más ridiculizados son quienes están pendientes de las tiranías del estatus social marcado por la sangre.  

Es verdad que le falta a esta novela la complejidad en la trama que tienen otras como Orgullo y prejuicio, Sensatez y sentimientos o Emma, pero me quedé fascinada con AnneElliot, su protagonista. Mientras tenía el placer de que nos presentaran y disfrutar de su amistad ficcional, volví a pensar en el asunto del último post y del comentario que me había hecho Paula. ¿Con qué tipo de héroes y heroínas nos identificamos? ¿Cómo va cambiando con los años la imagen de nosotros mismos que vemos reflejada en la ficción? No lo sé, pero descubrí que Anne Elliot es mi heroína favorita de Jane Austen.

Lo que pensé con Persuasión es que resulta algo muy distinto identificarse con un personaje que tomarlo como modelo. Creo que muchas de nosotras nos creemos parecidas a Elisabeth Bennet (la protagonista de Orgullo y prejuicio), todas queremos ser tan ácidas, agudas e inteligentes como ella, queremos creer también que sus actitudes y posiciones frente a los demás son las que nosotras mismas tomaríamos en situaciones semejantes. 

No es eso lo que me pasó con Anne Elliot; ella es como quisiera ser. Anne es el modelo perfecto: práctica, sensata, compasiva, útil a los demás, pero nada ingenua y con una mirada crítica admirable para los demás y para sí misma. No estaría nada mal recordar a Alonso Quijano e intentar emular al modelo, con mejor suerte y criterio, eso sí.

Yo, casi a la edad de Anne Elliot yendo en tren hacia Bath donde sucede gran parte de su novela.
 ¡Qué terrible, cuánta juventud pasada!

Hablando de "Anas", todo lo contrario me sucedió con otra lectura nunca hecha hasta ahora, Ana Karenina. A esa Ana desde antes de la mitad de la novela ya quería verla debajo de las vías de un tren. Por suerte Tolstoi cumple y después nos deja terminar la novela con muchas páginas finales sobre el querido Kostia Levin.