…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

10 abr. 2014

Inscripciones II

Hay nombres, marcas y carteles que llaman la atención al viajero, especialmente a los andan siempre buscando idioteces divertidas.

Casos en los que el idioma diferente juega como instrumento de humor (bastante tonto, como de estudiantina, sin duda).

En Brasil, demostramos una gran fijación que podría ser las delicias de un freudiano. 


Una marca muy conocida en Brasil que se tendrá que cambiar el nombre si quiere venir a la Argentina



Pero también están estas cuestiones tan curiosas del catolicismo que no sabemos si se siguen manteniendo en pie.


"El santo pontífice León XIII concedió 100 días de indulgencia una vez por día a quien besara esta cruz conmemorativa y rezara un padrenuestro (1900-1901)"
Iglesia de la Candelaria en Río de Janeiro








Casos hay de modernización de los medios pero continuidad de las prácticas.

Belgrano (o Palermo) frente a la iglesia de San Benito Abad


Otras veces llama la atención la mezcla entre lo formal y lo familiar.




En uno de los bancos de la iglesia San Gabriel Arcángel de Tapalqué (Provincia de Buenos Aires), los sobrenombres cariñosos son muy tiernos ahí.

Pero sin duda, el mejor ejemplar adquirido en nuestra cacería de los últimos meses es esta advertencia irrealizable a la entrada del camping de Tapalqué.

"Prohibido el ingreso al camping de todas las personas que no estén en el mismo" Camping de Tapalqué
¿Cómo hace uno para entrar si no está ya adentro y para qué va a querer entrar si ya está ahí? Trampas del lenguaje, casi como en la paradoja del mentiroso, el cretense que decía que todos los cretenses eran mentirosos...  O en su realización cervantina tal como se lo plantean a Sancho para burlarse de él cuando es gobernador de la "Ínsula Barataria":

—Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío, y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso... Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: «Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna». Sabida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: «Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre». Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces del tal hombre, que aún hasta agora están dudosos y suspensos, y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer en tan intricado y dudoso caso. (Quijote, II, 51)