…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

14 oct. 2011

Magias totales del Quijote

"que el melancólico se mueva a risa
y el risueño la acreciente..."
(Quijote, I , Prólogo)

"Yo he dado en  don Quijote pasatiempo 
Al pecho melancólico y mohíno"
(Viaje del Parnaso,  IV, 22-24) 




El miércoles empezó como un día deprimente. La oscuridad del día, el frío y las claras señales de que llovería deben haber contribuido bastante a la plomiza melancolía que tanto se sentía. Bueno, que YO sentía.




La insistencia de Clea al menos me hizo salir de casa para la presentación en Buenos Aires del Festival Cervantino de Azul

La presentación en sí, por más bien hecha que estuvo y por más colorido programa de actividades artísticas que anunciaron, no fue de todas formas el mejor aliciente para pensar que había tenido sentido ir allí.

Nuestro grupo cervantino va a la ciudad de Azul desde hace unos años a participar de las jornadas académicas que tienen un mínimo espacio en el gran festival. De hecho en la presentación del miércoles apenas se nombraron: ¿a quién pueden interesarle mucho?


Sin embargo la energía de la gente de Azul algo nos contagió porque se les ve muchas ganas y mucho orgullo por la nueva identidad que cobró la ciudad desde que se empezó a difundir el tesoro que tenía la biblioteca del Dr. Ronco


Algunos anaqueles de la Casa Ronco, la gran colección cervantina de Azul.


Si hay algo que creo yo que se nos contagia a los amantes de Cervantes es el entusiasmo, aunque veamos que todavía queda mucho por hacer... Y aquí viene la magia transformadora porque ¿qué mejor aliciente que pensar que podemos contribuir en algo para que ese entusiasmo se llene de más contenido? ¿Qué importa si lo académico despierta poco interés en los azuleños? Lo que cuenta es que quieran hacer de su ciudad una ciudad cervantina y en esto, dejando de la lado la "seriedad" académica, creemos que podemos ayudar. Nada hay que nos guste más que mostrar las magias de Cervantes, ganarle admiradores verdaderos, no los que aprecian sólo la fachada por el nombre ilustre con que han investido a don Miguel (que mucho se podría reír de su actual situación).






Al terminar la presentación, con una tarde mucho más lluviosa y de clima aún más melancólico, salimos con Alicia y Clea por las calles de Balvanera para terminar en Belgrano con el ánimo ya bien distinto. El viaje transformador en un subte D atestado de gente, y las múltiples ideas con el que lo fuimos amenizando, marcó toda la diferencia (hasta hubo otra pasajera que antes de bajarse pidió permiso para acercarnos su propuesta porque, según dijo, no pudo dejar de escucharnos e interesarse en nuestra ardiente charla, ¡JA!).


Por fin, en esa confitería enorme de Av. Cabildo que copia al Chrysler Building, con Clea imaginamos hazañas, no diré que quijotescas, pero sí llenas para nosotras de exultante vitalidad. Sería fantástico ayudar a sembrar un poco más de espíritu cervantino en el medio de La Pampa. Que Cervantes y el Quijote no sean solamente nombres, que se conozcan bien y se disfruten mucho. Que haya entonces una ciudad que le otorgue un lugar excepcional a la imaginación, a la lectura, a la ficción y a esa idea de que el arte se entremezcla en la vida para transformarla, irremediablemente.

9 oct. 2011

Coincidencias



No es extraño que los estudios que sobre un autor y su obra digan tanto, o más, de las preocupaciones propias del crítico o investigador que del objeto en sí del estudio. Todos solemos en mayor o menor medida hablar de nosotros mismos cuando hablamos de una obra. No sé esto si esta “bien” o está “mal”, si es la forma “correcta” de hacer crítica o estudios literarios, pero creo que no sé hacer otra cosa que lo que hago.


No pienso hablar de lo que hacen los otros, o lo que me parece que demuestran los demás por lo que escriben de Cervantes o de otros autores de la época que más o menos manejo. Sólo hablaré de mí. Y sin denunciarme, en realidad. Sólo constatando una realidad curiosa en la que hoy volví a pensar.




Durante los peores meses de la crisis argentina del 2001 y 2002, en medio de las revueltas, del gobierno de Fernando de la Rúa que se caía a pedazos y de las posteriores semanas de presidentes sucesivos (¿fueron 5 presidentes en cuánto tiempo?), yo escribía acerca de Sancho Panza, los duques y el castigo a los malos gobernantes. 


Las dudas de Sancho se acrecentaban con el recuerdo de unos poderosos que terminaron muy mal: el rey Favila al que se lo comió un oso cuando fue a cazar, en lugar de dedicarse a gobernar (como acota Sancho). Y el rey don Rodrigo que penaba en su penitencia final “ya me comen, ya me comen / por do más pecado había” (la pérdida de España por la invasión árabe se justificaba por su lujuriosa atracción por la Cava, hija del conde don Julián, así que ya nos imaginamos por dónde empezaban a comerlo las culebras con las que estaba encerrado).

No es que el espíritu social ni el momento político de aquellos meses me hubiera hecho elegir esos temas. En realidad venía recopilando hacía tiempo los temores de Sancho por el gobierno, la ácida mirada a los poderosos y esa recurrencia de los cuerpos comidos. No soy de rápida gestación ni creo tener mucha sensibilidad política. Pero era curioso estar en las tórridas tardes de diciembre del 2001 encerrada tratando de poner orden en mis notas sobre el mal gobierno cuando el país era un caos y las manifestaciones copaban la Plaza de Mayo. No sé si era una paradoja mi aislamiento en la torre de marfil o una mínima señal de contacto con la realidad social.



Estos días volví a tener una sensación parecida de conexión curiosa con lo que me rodea. Los particulares mecanismos de construcción de sentido de nuestro gobierno a mí no dejan de recordarme los del Barroco hispano. Por ejemplo si prestamos atención al mausoleo que le harán a Kirchner y a toda la simbología que se está desplegando para conmemorarlo. 


Bueno, justo en estos tiempos le ando dando vueltas a la relación de Cervantes con las prácticas simbólicas de su época; y en particular estoy ahora tratando de decir algo coherente sobre el mordaz soneto con estrambote que Cervantes escribió para comentar esa máquina insigne que fue el túmulo de Felipe II en Sevilla: una enormidad efímera que pretendía ser el reflejo de las honras que la ciudad rendía a su rey muerto.

"¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!;
porque ¿a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo vivo! Cada pieza
vale más que un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y riqueza!

Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente."

Esto oyó un valentón y dijo: "Es cierto
lo que dice voacé, seor soldado,
y quien dijere lo contrario, miente."

Y luego, encontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.



Rodríguez de la Flor habla de gasto y dilapidación simbólica en las fiestas funerarias barrocas y propone el soneto cervantino como ejemplo de mirada crítica (capítulo X, aquí y capítulo 4, aquí).


En notas periodísticas de estos días Luis Alberto RomeroBeatriz Sarlo analizan la construcción de un nuevo símbolo peronista en “Él”, Néstor Kirchner.



4 oct. 2011

La cuadratura del círculo



Me encantó ver que estas flores de racimos circulares proceden de capullos cuadrados. 



Encontramos este arbusto florido en una vereda de Parque Chas. 
Diego dice que se trata de una "lantana".  Wikepedia lo confirma, como aquí se ve.



La naturaleza quizás logre con gracia descuidada lo que la ciencia no puede resolver.

2 oct. 2011

Parecidos

Nunca sabré si es por un exceso de "humanismo" o, por el contrario, a causa de mi fobia social, pero lo cierto es que no puedo dejar de hallar parecidos entre las cosas y los humanos. Y más de una vez los animales me parecen igualitos a personas conocidas. Así es que tuve un gato que era igual, igual, igual a Marcello Mastroiani... Lo juro.

Pero ahora no quiero hablar de gatos sino de casas. De una casa, en verdad. Queda en Parque Chas y apenas la vi pensé en un uniforme azul, en una tonada correntina y en un grito de "¡Desacatáus!". Era un recuerdo de mi infancia que tenía olvidado.



Habrá desalmados racionalistas que no lo entiendan, pero mírenla de cerca:



¡Esta casa es igual al comisario de Hijitus! Los bigotitos de costado son lo más característico.



Aquí aparece un poco antes del minuto 3:00. 


Muy poco políticamente correcto eso de llamar a la policía por un niño travieso. Muy "setentas", claro. Mis preferidas son las dos viejas del patronato: un retrato preciso.