…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

25 jun. 2011

Ask the Doctor!

Ayer vimos el último especial de Navidad de Dr Who, es decir el que se emitió por la BBC One en diciembre de 2010. 


Era una reelaboración muy original de A Christmas Carol de Dickens. ¡Otra más! Se podrá pensar, pero no, nada aquí era repetitivo ni trillado. (Ah, y cantaba Katherine Jenkins, pretty amazing!)

Entre otras cosas maravillosas, tenía este diálogo entre el Doctor y la versión joven del viejo desalmado al que había que cambiar. El chico se encuentra frente a la posibilidad de su primer beso y pide consejo al Doctor:
Middle Kazran: I've never kissed anyone before –what do I do?
The Doctor: Well, try and be all nervous and rubbish and a bit shaky.
Middle Kazran: Why?
The Doctor: Because you're going to be like that, anyway. You might as well make it part of the plan then it will feel on purpose, off you go then.
 
¿Qué mejor idea que incorporar como parte del plan lo que de todas formas vamos a hacer o nos va a pasar? Es perfecto el consejo: no luchar contra uno mismo y construir a partir de ahí.

Tener la posibilidad de ver Dr Who debería ser un derecho universal. Llevaría felicidad e ingenio a todos los hogares.

20 jun. 2011

El teatro del mundo


Estación José Hernández Línea D

En la estación de subte que tenemos cerca de casa vi el otro día este cartel de American Express. Cumplió bien su cometido publicitario porque el impacto fue inmediato y me quedé pensando en él durante todo el trayecto hasta el centro.

"Todo el mundo es un escenario. No sea un extra." Retoma el tópico del mundo como un teatro que, si bien es de origen más antiguo, durante el Barroco fue cuando tuvo su mayor éxito y alcanzó a penetrar en las mentalidades de la época de manera generalizada.

Primero me llamó la atención que la publicidad hablara de "escenario" y no de "teatro" que es como más se difundió la metáfora en castellano (por ejemplo en el famoso auto sacramental de Calderón).* Pero después recordé una de las formas en que la recreó Shakespeare y sucumbí ante la evidencia de que vivimos en un mundo globalizado... por el inglés. No es que me disguste que se difundan en las lenguas que sean los versos de Shakespeare y que las hagamos nuestras, que se nos metan en la piel y en el idioma. Desde ya que no, pero es al menos digno de mención y algo sobre lo que hay mucho por decir.

Las mejores traducciones de As You Like It, de donde sale la frase "All the world's a stage", prefieren "Todo el mundo es un teatro". El tópico se conocía en latín como theatrum mundi, no hay vueltas sobre eso. Los versos con que comienza el monólogo de Jacques dicen:

All the world's a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages... (II, 7)




Pero es evidente que "escenario" condice perfectamente con las ideas de nuestra sociedad de consumo, que valora tanto las apariencias, el estar en la vidriera, o mejor, bajo el foco de todas las miradas (no importa simplemente el teatro en sentido global, sino el escenario mismo; podio o cadalso).

De todas formas, lo que más me llamó la atención es la enorme diferencia entre el concepto que transmite la publicidad y el que floreció en la sociedad del siglo XVII. Se trata de un giro de 180º y está bien que así sea, otra vez: no critico, sólo señalo peculiaridades.

En las manifestaciones de aquella época el "teatro del mundo" llamaba a reconocer que no éramos más que actores en una obra, nuestras posiciones sociales no eran más que accidentales. A uno le tocaba hacer de rey, a otro de soldado, a otro de rico, a otro de pobre... Pero cuando terminaba la representación, es decir, cuando llegaba la muerte, todos bajábamos del escenario, nos despojábamos de nuestros vestuarios y eramos iguales. Unos y otros iguales. Para el aplauso, que era el cielo y la salvación del alma, sólo importaba lo bien que habíamos representado el papel, pero de nada iban a servirnos las glorias y riquezas pasadas, que al fin y al cabo no eran más que engaños.

Así lo decía don Quijote charlando con Sancho (para elegir un ejemplo entre los más cercanos):

[…] dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales.
—Sí he visto —respondió Sancho.
—Pues lo mesmo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato deste mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y finalmente todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.
—Brava comparación —dijo Sancho—, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
—Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más discreto. (Quijote, II, 12)

La métáfora que usa Sancho, también muy conocida,
aparece en este emblema de Sebastián de Covarrubias




La publicidad de American Express, al llamarnos a no quedar como extras, afirma todo lo contrario, porque destaca que lo fundamental es no quedar nunca en segundo plano ni dejar que la comedia de esta vida se nos pase sin lograr protagonismo. Y, obviamente, sostiene que aquéllo es lo único que cuenta.

De modo que, de un llamado al reconocimiento de la igualdad de los hombres y al desengaño de lo material, el tópico se convirtió en un alegato sobre el individualismo y el disfrute del aquí y ahora. Del teatro de este mundo que tal vez sea engaño de los sentidos, puesta a prueba y sueño; o tal vez sea la única verdad.

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La edición de Editorial Crítica al cuidado de Ynduráin y Allen del auto sacramental de Calderón El gran teatro del mundo, puede verse aquí, es una lástima que falte el Prólogo, donde un apartado analiza las "Fuentes del tema".

5 jun. 2011

Cosas que (me) enamoran


      Leer a Edward C. Riley, el gran especialista británico en Cervantes, siempre me pone de buen humor. Seguramente me podrán tachar de anticuada los cultores de la teoría moderna, pero es el tipo de crítica que me gusta. No hace descubrimientos apabullantes ni nos sorprende hallando en los textos aquello que jamás hubiéramos pensado que podría estar allí. Más bien pone luz sobre aspectos esenciales que tal vez pasaban desapercibidos, o que quizás notábamos, pero no habíamos llegado a definir o ponerles nombre. Y todo con amplio un conocimiento de la cultura de la época y un fino oído para el texto.

       Ayer, releyendo su imprescindible Introducción al Quijote, me volví a encontrar con uno de esos pasajes que me enamoran. Tanto por la lectura que hace aquí Riley, como porque pone en palabras la sensación de melancólica simpatía, de encanto, que me provoca Cervantes.

   Transcribo el párrafo en el que comentan las confusiones con la realidad que experimenta  don Quijote en la Segunda Parte (1615), generalmente provocadas por otros personajes:


«En cierta medida, la ingenuidad de Don Quijote, su propensión a dejarse engañar por las tretas y las burlas de los demás, incluso cuando hay clara evidencia de lo contrario, son una prueba de su caballerosidad. Él siempre evita interrumpir el juego, esté o no de su parte. Pero, como acabo de indicar, la comedia de Don Quijote no puede compararse con la de la persona racional que no cree en serio en la fundamental realidad de los roles asumidos. Don Quijote confía en los embaucadores que se han metido en su juego pero que actúan con un espíritu muy distinto al suyo. Esto tiene implicaciones morales. 



La alternativa a admitir que la moza campesina es Dulcinea, que el Caballero del Bosque (o de los Espejos) es un doble hechizado de Sansón Carrasco y que las aventuras del castillo son genuinas es afirmar que Sancho es un mentiroso, el bachiller un impostor y el Duque y la Duquesa unos frívolos bromistas. Estas acusaciones no carecen de fundamento, pero la negativa del Caballero a admitirlas lo honra. Él gana, y los demás pierden, en nuestra estima.


Ni siquiera Carrasco, el mejor motivado de ellos, sale demasiado bien parado cuando Don Quijote se pregunta con Sancho, en qué consideración puede caber que el bachiller Sansón Carrasco viniese como caballero andante, armado de armas ofensivas y defensivas, a pelear con él. "¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión para tenerme ojeriza?" (II, 16). Por ingenuo que parezca, Don Quijote tiene fe y confianza en sus amigos. Bajo la máscara de su locura hay en el hidalgo una benevolencia que lo redime de sus pequeños defectos.»
(E.C. Riley, Introducción al Quijote, Barcelona, Crítica, 1990 [1986], 141.)


       Frente al cálculo y la desconfianza perpetua que parecen ser la norma tanto ahora como entonces (que no te engañen, no te burlen, no te hagan quedar como idiota), esta ingenuidad benevolente de Don Quijote retratada con ironía crítica por Cervantes, pero más que nada con mirada cariñosa, me conmueve y enamora.


1 jun. 2011

Ahora sí



 Hace ya unas semanas que la presencia del otoño es innegable por aquí.





Los indicios son claros: el frío, los cielos grises (aunque no siempre, por suerte) y las hojas por todos lados... menos en las ramas!