…si lo que es más preciado se esconde y lo más vil se deja expuesto,
¿acaso no es evidente que la sabiduría que se prohíbe ocultar es más vil que la locura que se manda esconder?
Erasmo, Elogio de la Locura

29 may. 2011

...que es mi dios la libertad


Íbamos a ver la salida de la Fragata Libertad desde el río. Como todos los años, ayer partía para su viaje anual de instrucción (cada vez los viajes son más cortos pero esa es otra historia). Mis padres habían estado allí en otras salidas y sus relatos nos tentaron.

Todos a bordo entonces en la mañana del sábado para llegar a tiempo desde San Isidro a Puerto Nuevo, a la altura del centro de Buenos Aires. Calculábamos unas dos o tres horas de viaje.

foto Telam
Por la tarde, el diario La Nación tituló que “Zarpó la Fragata Libertad y dejó una estela de emociones”. Frase cursi, por cierto, pero especialmente incomprobable, al menos para nosotros. Ni siquiera podemos contrastarla con otra conjunción de palabras menos trillada o más elegante y precisa, tal vez . 

¿De qué manera podríamos decir que partió la Fragata Libertad? ¿Qué dejó? ¿Cómo lo hizo? ¡Quién sabe!



Por estas cosas que tiene el Río de la Plata –especialmente su lecho de barro y las consabidas fluctuaciones en la altura de sus aguas nunca demasiado profundas– el barco de mi padre quedó detenido antes de la primera hora de viaje. Varado, indefectiblemente varado. De libertad, nada de nada.

Consolaba saber que no éramos los únicos, alrededor iban cayendo como moscas más y más compañeros de desdichas que no podían avanzar por los escasos 1,5 / 1,3 metros que tenía el nivel del agua por esa zona.


Al principio, pensamos que la marea cambiaría en poco tiempo (que no moriríamos frente a las costas de Olivos, como temía Cande, nuestra hija menor, con su notable espíritu "aventurero") y que en una hora estaríamos siguiendo nuestro rumbo al oeste. Pero no, la pleamar se tomó su tiempo. 



Casi cinco horas estuvimos allí. Viendo este paisaje. Una y otra vez. Lo bueno es que las nubes cambian y los barcos que calaban menos, los windsurfistas y las lanchas pasaban para entretenernos. No fue tan terrible: teníamos comida, el día estaba agradable y, a pesar del espacio reducido, la convivencia familiar fue llevadera.




Pero la Fragata Libertad, claro está, zarpó sin esperarnos.

Por suerte, Cande nos hizo un dibujo (en el revés de la caja que transportó la comida). No creo que otra fragata pueda haber sido más linda.

La fragata, según lo que Cande esperaba ver.

Pero ella misma votó por la de su padre, que le mostró las velas cuadradas que veríamos (todavía había esperanzas en ese momento), las copió enseguida con más gracia.

A la derecha, la fragata de Diego, la crítica de Cande y sus dos versiones posteriores.

Ah, y ésta soy yo...

¡Ja!

15 may. 2011

Orgullo paterno



Algunos tips e instrucciones.



(A la fecha, once años y medio de experiencia la respaldan)



Las actividades artísticas suelen ser apreciadas por padres de fino sentido estético.






También enorgullece el interés por el bricolage a quienes saben hacer de todo en la casa y nunca les viene mal una mano extra de ayuda.






Destacarse en maniobras náuticas no es poca cosa para los padres navegantes.








Pero –entre muchas más cosas compartidas– en los últimos días la hija lectora colmó aún más de orgullo a este padre:





el estar tan entusiasmada con su primer acercamiento a Asimov, se lleva todas las palmas. 




(¡Cuánta ciencia ficción la está esperando en la biblioteca paterna!)

6 may. 2011

Antes de que el verano nos abandonara



A principios de abril el otoño nos regaló todavía unos últimos días de calor.





 Practicamos nuestras actividades preferidas (¿o debería decir sólo  "acostumbradas"?):
 charla con amigos, alimentación copiosa, observación  de niñas...







 ... y observación de aves. 

(Un dato incontrovertible: las aves reclaman menos cosas que las niñas. De modo que todavía no sé por qué no las llevamos a casa y dejamos a las niñas que pastoreen libremente en la naturaleza; una vez por semana podríamos ir simplemente a observarlas...) 







  
Una de las cosas que más me gustan del otoño en Buenos Aires es que a veces se olvida de que sirve de anuncio al invierno y recuerda al verano con más cariño. Aunque con un sol más amable y un calor menos bochornoso.


(Fotos de Diego Landro en la Isla Nazar Anchorena del Club Náutico San Isidro)

5 may. 2011

Bicho-feo


Uno de mis pájaros preferidos de nuestra región es el benteveo. Es un ave bien común, nada de esas figuritas difíciles para los ornitólogos y que raras veces se ven. No, un pájaro que podemos encontrar en los parques de la ciudad, en los jardines de las afueras y cerca de los ríos y arroyos del Delta. Pero nunca me canso de buscarlos y mirarlos.

Me gustan porque me parece que tienen una gran personalidad, sus ojos con antifaz ya dan indicios: son audaces, decididos y muy valientes.

Lo que más disfruto es verlos cazando bichitos en un jardín, robándoles comida a los perros o haciendo vuelos rasantes en el agua para pescar larvas o migas de pan. También los he visto pelear con su mismo reflejo en los confusos vidrios de alguna ventana iluminada por el sol; sus picos duros golpeando con fuerza en el cristal una y otra vez con vuelos furtivos, como un blitz diurno y bastante poco letal.



Pero aún sin verlos, su canto me trae recuerdos de cuando era chica y pasaba veranos en la quinta que tenía mi abuela cerca de la ciudad de La Plata. Ella fue la que me enseñó a ponerle letra al canto del benteveo: “Bicho-feo, bicho-feo, ¡sacáte la gorra y ponéte el sombrero!”. 

(Otros ejemplos de cantos aquí y aquí...)

Ese canto y el de las chicharras hacen el verano. Los dos me transportan, claro está, en un agradable túnel del tiempo.